El legado de Chávez: crónica de un déspota

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El pasado 5 de marzo se cumplieron dos años de su fallecimiento. Un 28 de julio de 1954 nacía Hugo Rafael Chávez Frías -“El Comandante”-, quién el 2 de febrero de 1999 asumía la presidencia de la República Bolivariana de Venezuela y conservaría el cargo -luego de varias elecciones- hasta el día de su muerte, cuya fecha y circunstancias aún se encuentran controvertidas.

Pasó por el Ejército Nacional de Venezuela y fue uno de los fundadores del Movimiento Bolivariano Revolucionario. En 1992 intentó un golpe de estado contra el entonces presidente Carlos Andrés Pérez, el cual no tuvo éxito. Fue encarcelado durante dos años y luego indultado.

Su carrera presidencial comenzó venciendo en los comicios de 1998. Buscaba promover el “socialismo del siglo XXI” y la “Revolución Bolivariana” en América. Luego le tocó a él: sufrió un golpe de estado en el año 2002, en el que fue derrocado -por sólo dos días- y luego restituido en el poder, el cual mantuvo con mano dura hasta su fallecimiento. Modificó la Constitución para perpetrarse en el cargo. Fue una clara antítesis del republicanismo y un ejemplo de cómo ejercer el poder en beneficio propio. Amado por los empleados públicos, a quienes hacía vestirse de rojo, y detestado por gran parte del mundo occidental.

Todo su mandato fue controversial, empezando por ocupar la presidencia durante 14 años y perseguir y encarcelar a opositores y periodistas. Tuvo un programa televisivo propio denominado “Aló Presidente”, conducido por él mismo, donde disfrutaba atacar a EEUU y duraba más horas que las cadenas nacionales de CFK. Fue un precursor en ello, hay que reconocerlo.

También fue recordado por sus “buenas” amistades: Mahmud Ahmadineyad, Fidel Castro, Rafael Correa, Evo Morales y el matrimonio Kirchner -entre otros-. Ningunos santos. Hizo de Bush su enemigo público número uno. Freses como: “¿Qué es eso? -Exprópiese”, “ALCA, al carajo!” y “You are a donkey mister Bush” pasarán definitivamente a la historia, viniendo de un presidente. Tampoco puede olvidarse del reto a él -“¿Por qué no te callas?”- del Rey Juan Carlos de España, en la cumbre de Santiago de Chile en 2007.

Su jefe de seguridad Leamsy Salazar, exiliado en EEUU luego de su muerte, señaló que su deceso en realidad ocurrió el 30 de diciembre de 2012 y no en la fecha oficial dada a conocer, luego de varias operaciones y tratamientos que se realizó en Cuba, ya que de anunciar la noticia en dicha fecha, “generaría un descontento social”, según su ex-aliado. El hecho fue ocultado a la prensa por Nicolás Maduro, su sucesor y su familia. Asimismo, Salazar vinculó al gobierno venezolano directamente con el narcotráfico, más precisamente con el Cártel de los Soles. Pruebas de ello sobran.

Chávez será recordado como un personaje nefasto para la historia americana. Expropió todo lo que pudo. Dejó a un país rico en petróleo sin alimentos básicos ni pañales, inmerso en una crisis económica y social sin precedentes. Sin libertad de prensa, sin esperanza. Con la mayor inflación del mundo durante años. Venezuela aún sufre por sus políticas comunistas. El problema hoy esta lejos de resolverse.

Lamentablemente, aquél país fue un experimento de las cosas que no deben hacer los gobiernos, ejemplo para el mundo entero, tal vez influenciado por su relación con Cuba o Irán, tal vez por motivación propia. La Argentina debe mirar a otros modelos a quién seguir. El camino del progreso es hacia el sentido contrario. Que los errores ajenos sirvan para experiencia propia.

Debemos tener en cuenta que la Democracia es una manera de dirimirse el poder y la República es la forma de ejercerlo, algo que Chávez jamás quiso entender.

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