Entre la realidad y el discurso

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La campaña presidencial aumenta su intensidad y no sólo los candidatos están deseosos de conseguir potenciales votantes, sino que también la sociedad está expectante y deseosa de escuchar propuestas. Así, mucha gente conocida e interesada en cuestiones políticas, pese a que faltan unos meses para las PASO, ya sentenció “Yo a este ya no lo voto… ¿¡Viste lo que dijo?! Es más de lo mismo”, condenando ferozmente a uno de los candidatos y quitándole su apoyo. Me llamó la atención, de un conocido en particular, que en vez de analizar pro y contras, ventajas y desventajas de ese candidato en comparación con los otros, lo eliminó fanáticamente de su intencionalidad de voto por una frase que, a mi criterio, era completamente inocua, susceptible de “dejarla pasar”.

En la Cátedra de Derecho Político, enseño que la política tiene una faz estática (algo común a todo sistema político por la inevitable existencia de gobernantes y gobernados) y una faz dinámica. Esta última está compuesta por una faz agonal -caracterizada en función de que los aspirantes a los cargos de gobierno intentan acceder a ellos y quienes ya los ocupan procuran conservarlos, comprendiendo también la diversidad de metodologías utilizadas para ese fin -, y por una faz arquitectónica -en la cual los gobernantes llevan a cabo sus planes de gobierno y políticas de estado-.

En la actualidad, la faz agonal, esa famosa lucha por la conquista del poder es cada vez más intensa y así va a continuar, dado que hay gran competencia electoral y no se sabe con certeza quién será el próximo presidente. Por otra parte, también debemos saber que nuestro país no está en una excelente situación económica, política e institucional; resultando que lo más probable es que, sea quien fuere el que llegue a Balcarce 50, deberá realizar “ajustes” para mejorar la poco sostenible situación actual. Si fuéramos políticos deberíamos utilizar algunos sinónimos: correcciones, arreglos, modificaciones, etc. No es mi intención ser políticamente correcto, pese a que la palabra “ajuste” no debería tener un contenido peyorativo, ya que únicamente implica modificar, cambiar una cosa por otra; pero para nada significa la eliminación del estado y el arribo de la anarquía. Por eso, algunas de las medidas que se tomen a futuro, serán desde el punto de vista del marketing político de contenido impopular, incluso aunque sean las medidas necesarias para que el país logre una senda de institucionalidad y crecimiento sostenibles en el tiempo.

En un plano ideal, lo que un político propone en la faz agonal tendría que ser coincidente con lo que efectivamente desarrolle en la faz arquitectónica. Así, si el próximo presidente necesita hacer ajustes, debería decir en qué cuestiones se realizarán modificaciones. Del mismo modo, el votante debería aceptar que determinadas decisiones implican un “costo” y asumirlo. Pero muchos de los votantes preferimos escuchar cosas lindas; que no nos digan que debemos hacer esfuerzos. Pero, los hombres no somos ángeles. Este plano ideal no hace más que quedar en un libro de teoría política. La realidad es otra.

Ahora bien, lo que digo es que tal vez sea una muy mala estrategia decidir el voto por los dichos de algunos políticos en plena faz agonal de nuestro sistema político, más aún cuando lo que deban decir son cuestiones de carácter impopular. Me pregunto, si usted lector fuera asesor de algunos de los candidatos presidenciales, ¿le sugeriría que diga a sus potenciales votantes que tiene que tomar decisiones difíciles que ellos mismos van a tener que soportar? Seguramente No. ¿Y entonces como decidimos el voto?

Bueno, la cuestión no es tan complicada si la vemos del siguiente modo. Tres de los candidatos que, en más o en menos, tienen posibilidades concretas de asumir la presidencia tiene una experiencia en gestión. Macri es jefe de gobierno de la CABA, Massa fue intendente de Tigre y Scioli es gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Por lo tanto, mi sugerencia para el cuerpo electoral es mirar más lo que hicieron en su experiencia de gestión los candidatos a Presidente; y no tanto lo que digan en la campaña presidencial, que está fuertemente signada por la adhesión de voluntades y, en consecuencia, votos. Prestemos más atención a los hechos que a los dichos.

Por eso, y del mismo modo en que titulé la nota, el votante debe votar entre la realidad o el discurso, la realidad es la gestión de los candidatos, el discurso es lo que dicen para conseguir votos. En lo personal, prefiero decidir mi voto conforme la gestión, aunque alguna vez tenga que escuchar a algún candidato en particular decir algo inapropiado y termine agarrándome la cabeza, ya que es entendible en esta etapa de lucha por el poder y la conquista de votos.

Entre la realidad y el discurso
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