La corrupción según Hernán Brienza

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Dice usted Sr. Brienza en su artí­culo que no todos somos corruptos, y creo que es lo único que comparto de su artículo
Hernán Brienza, politólogo

En un artí­culo publicado el 21 de mayo en el Diario Tiempo Argentino, titulado “¿Y si hablamos de corrupción en serio?, el politólogo Hernán Brienza afirma que “Desde que tengo uso de razón, cada gobierno que termina es sometido al impiadoso festival de la condena social que ponen en marcha los medios de comunicación masiva.”

Pues bien, recojo el guante Sr. Brienza, hablemos de corrupción, y hagámoslo en serio.

Quizás no tiene uso de razón desde hace mucho, o quizás sólo pretende hacer una selección de los últimos años, pero lo invito a que analicemos dos ejemplos, le propongo que hagamos repaso de dos ejemplos históricos. Uno histórico y uno un tanto más actual. Como somos contemporáneos, estoy convencido que estamos en igualdad de condiciones para hacerlo.

El primer caso que le propongo es el de Arturo Illia. ¿Usted puede tener el tupé de decir que ‘Sólo son decentes los que pueden “darse el lujo” de ser decentes’? Arturo Illia fue honesto porque la honestidad para él fue un valor intrí­nseco, no una postura de conveniencia. Puede encontrar en internet varios sitios en los cuales tomar conocimiento de su patrimonio antes de llegar al gobierno y tras dejar éste, pero si no quiere buscar lo ayudo, tal como lo mencionara Luis Caeiro en una carta del 19 de septiembre de 1966, la situación económica del Presidente Illia al dejar el gobierno era tal que sus correligionarios querían ‘juntar unos pesos para ayudarlo, por lo menos en la vivienda y el pago de las deudas ocasionadas por la muerte de su señora’, porque eligió no utilizar dinero del Estado para lo que, él entendí­a, era un gasto familiar.

Podríamos abundar en ejemplos que ponen de manifiesto su conducta, como las “propiedades” que tení­a al ser desalojado del gobierno. ¿Sabe Sr. Brienza?, Arturo Illia no se dio el lujo de ser decente, Arturo Illia fue decente.

También le propuse que viéramos un caso más cercano, por su temporalidad hasta le serí­a más familiar, el caso de Raúl Alfonsí­n. No hubo variación significativa en su patrimonio durante su paso por el gobierno y nunca debió enfrentar una citación judicial por denuncias de corrupción. Podrí­a darle muchos ejemplos para defender la honestidad de Alfonsín, pero como en un viaje en el túnel del tiempo, Sr. Brienza, le propongo que siga las palabras que el propio Presidente Alfonsín le dedicara a Monseñor Medina, quien deslizó que el gobierno por él encabezado, era corrupto. ‘Aquí­ se ha hablado de coima y negociados (…) Si se ha dicho esto delante del Presidente es porque se conoce algo que el Presidente desconoce, de modo que yo solicito también públicamente que si alguien de los presentes conoce de alguna coima o de algún negociado, haciendo honor a nuestras mejores tradiciones (…) lo diga y lo manifieste concretamente.’, hágalo Sr. Brienza, es de buen ciudadano no ser cómplice de un posible delito.

¿Queda claro, no? El pretender arrojar un manto de sospechas sobre todos lo único que busca es que todos seamos los responsables, y cuando todos lo somos, nadie lo es.

Dice usted Sr. Brienza en su artí­culo que ‘No todos somos corruptos’, y creo que es lo único que comparto de su artí­culo. No todos lo somos, yo no lo soy, y como yo, muchos otros ciudadanos que se dedicaron y se dedican a la polí­tica no lo fueron y no lo son.

Serí­a injusto hacer un listado porque nos olvidaríamos de algunos, pero ¿usted puede dudar de la honestidad de Alfredo Bravo, de Luis Zamora, de Germán Abdála, de Florentina Gómez Miranda? Si realmente es honesto, estoy seguro que no.

Su propuesta final de ‘Si quieren hablar en serio de corrupción, que se saquen la careta, los políticos, los jueces, los periodistas y los empresarios. La democracia se merece este debate’ denota claramente por donde es su camino, la corrupción no se habla ni se debate, se combate y se enjuicia con las herramientas de la democracia, si se la quiere erradicar, claro está.

Por lo demás, que de su “por lo demás, liberen a Milagro Sala.’ también debe encargarse la Justicia.

La corrupción según Hernán Brienza
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