La opción por los espectadores solución a la violencia del fútbol

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Los recientes hechos de violencia en el estadio de Boca Juniors, que pudieron haber ocurrido en cualquier otro del país,  ha puesto una vez más en el tapete el tema de la violencia en el fútbol, las barras bravas y las relaciones entre dirigencia y “deporte”. Todos claman por una solución, aún algunos responsables, pero la complejidad y magnitud del entramado parece hacer inabordable el problema.

En este caso a falta de una tajante espada para resolver el nudo gordiano se debe apelar a la imaginación para desatar puntas clave, soluciones “nuevas” aquí, viejas en otros lados. Distingamos en primer lugar que el “futbol” del que se habla es el espectáculo del futbol y en ese ámbito se produce la violencia que como tal preocupa. En segundo, que la inmediata y principal víctima son los espectadores, los que concurren y los que quisieran concurrir. Más allá de esto giran las complejas relaciones en torno al futbol deporte (salud y educación), futbol profesional (calidad y negocio) y futbol politiks (pan y circo, relaciones comunitarias,…).

La idea entonces sería tirar del nudo por la modificación del ámbito. Pensar que si hay un espectáculo en el estadio, es porque hay un espectador que no puede seguir siendo ignorado y al que a la vez, como vemos en el resto del mundo, ignorarlo no es negocio. Veamos a continuación algunas facetas.

Comodidad : el espectáculo es una instancia relajada de la vida  no se asiste para permanecer parado y/o sometido a la presión de otros cuerpos. Cansancio y tortura son, y favorecen, la violencia. Es central que las localidades cuenten con butacas numeradas distribuidas en sectores con circulación amplia.

Visibilidad  : por definición el espectáculo deportivo consiste en verlo y no ofrece alternativas ciertas a los ciegos . No deja de sorprender entonces que se acepte ser obstaculizado de forma permanente o casi, por banderas u otros objetos cuyas dimensiones se han convertido en objeto de culto y competencia para algunos. Del mismo modo la estructura de gradas ofrece una visión limitada pasible de ser obstruida fácilmente.

Seguridad : la tranquilidad necesaria para el disfrute del espectáculo debería ser la norma.  En primera instancia la seguridad inherente a la aglomeración; la posibilidad de circulación y evacuación sin ser problemas fáciles de resolver arquitectónicamente tampoco pueden ser motivo de perjuicio o intranquilidad del espectador. El ingreso bajo la forma de sardinas genera inevitablemente víctimas fatales (tribuna de Liverpool UK , “puerta 12”) . Por otra parte tampoco es conducente al espectáculo ser desvalijado por descuidistas o tener que asistir con el mínimo de dinero, ropa y accesorios. Una buena circulación es indispensable para el accionar de los encargados de que impere el orden y no se cometan delitos.

Servicios colaterales :  la asistencia al futbol se compone de largas esperas de ingreso y salida, espera del comienzo y  el espectáculo propiamente dicho. La espera es comparable con los 120 minutos “activos”. Ni que decir que deberían estar bien cubiertas las necesidades fisiológicas. En la sociedad de hoy los períodos sin actividad se aprovechan para el merchandising y el consumo de comidas y bebidas. En la sociedad de la información, el espectador está permanentemente notificado de novedades y bombardeado con sugerencias publicitarias cambiantes. Desde pantallas gigantes (repetición de jugadas y algún día video-ref) a buena cobertura 3G y/o Wifi para los smartphones son ineludibles.  Nuestro país tiene gran actividad turística, la “voz del estadio” debería ser bilingüe.  La ida al estadio debería invitar a extenderse al Museo de la institución y su sector de ventas. Restaurants y espacios de reunión podrían adjuntar el espectáculo a reuniones o simposios corporativos.

Audiencia : sin ser excluyente la asistencia al futbol es, hoy y aquí, predominantemente masculina y adulta. La atención a los factores que arriba se señalan incrementaría la presencia femenina lo que a la vez facilitaría que tome significación el futbol femenino tornándose económicamente interesante. Por otra parte un estadio que no sea riesgoso para los niños daría a estos mayor oportunidad para aprender el buen juego (la estrategia posicional que la TV no puede brindar) en la edad más provechosa para su desarrollo deportivo.

La solución a desarrollar entonces pasa por una reforma de los estadios a través de requerimientos que satisfagan la “atención al espectador” que consideramos arriba. Estos cambios pertenecen mayormente al ámbito local e incluso gran parte podría impulsarse  haciendo valer la legislación actual sobre espectáculos públicos. Estos cambios son preventivos, se anticipan al delito y facilitan la acción disuasiva. Promueven un círculo virtuoso de emulación en el que el espectador bien tratado se rehúsa a que otro(s) espectador(es) perturben su fiesta.

La opción por los espectadores es onerosa en un principio pero redituable en el futuro cercano. Las medidas que la posibilitan ya han sido probadas en el mundo: separación del futbol (estadio y equipos) de la gestión de los clubes manteniendo la propiedad de las franquicias para darlas en gestión a grupos inversores nacionales o extranjeros (más de la mitad de la liga inglesa  y buena parte de otras ligas europeas está en manos extra comunitarias). Esas inversiones darían oxigeno también para revitalizar deportivamente los planteles del campeonato local. Desde el punto de vista del espectador aprovecharía promover bonos de empleadores y promociones comerciales para mantener la accesibilidad, a la vez que la asistencia sería mayor.

Ningún imposible solo un poco de imaginación y valor para un cambio imprescindible, que ir a ver futbol sea una alegría.

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