Ministerio de la Verdad Argentino

98

Hace casi un año en Venezuela se oficializaba la creación de un “Ministerio para la Suprema Felicidad Social del Pueblo”, un ente redundante para el vasto estatismo chavista, un instrumento más para su auto-apología.  En rigor fue concebido para jerarquizar y por supuesto politizar a las llamadas misiones bolivarianas, y el criterio de felicidad que emplea es en verdad bastante simple. Para ser beneficiario de la asistencia Estatal hay que mostrar lealtad hacía el Gobierno,  el cual como mínimo requisito demanda silencio si no consentimiento.  En otras palabras,  para recibir ayuda hay que ser feliz,  y para ser feliz hay que estar agradecido,  con la vida,  y claro,  con el benefactor.  Más allá de lo simpático del nombre de este organismo,  su lógica recuerda a los grandes totalitarismos del siglo pasado y hace resonar, una vez más,  a las advertencias distópicas de grandes escritores.  Se trata de nada más y nada menos que un intento desde el poder por controlar lo que la gente debe decir, y si no es a cambio de palos lo es a cambio de zanahorias. Es como ya es sabido,  otro intento por romper la ya maltrecha barrera republicana que separa entre Gobierno y Estado en muchas partes de América Latina.

Argentina por descontado desde hace tiempo sigue el feliz ejemplo de otros ministerios y mandatarios en la región.  En sintonía con las vibras del populismo,  el oficialismo reproduce sus discursos y comunica su ideología una y otra vez haciendo uso de todos los instrumentos del Estado.  Cada micrófono,  cada trasmisión y minuto al aire cuentan.  Como establecía George Orwell en su magnun opus (“1984”): “Aquel que controla el pasado controla el futuro. Aquel que controla el presente controla el pasado”.  El Gobierno hace de todo acto y conmemoración nacional  una ocasión para celebrar logros de una “década ganada”.  Como construcción nominativa,  además de decirse que estriba del compromiso infranqueable de una sola figura,  – de “él” – antes que someterse al escrutinio del debate multipartidario,  la “década ganada” se utiliza como una herramienta demagógica para perdonar las dificultades del presente en las victorias del pasado.  Estandarte y sueño nostálgico mediante,  el nombre Nestor Kirchner ha sido ensalzado en placas oficiales virtualmente en todo el país, haciendo de su esfinge,  si fuera por el Gobierno,  un sinónimo axiomático de todo lo bueno que Argentina tiene para dar.

La designación de Ricardo Forster al frente de la flamante “Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional” responde al mismo planteo.  Cabe preguntarse si no,  ¿para qué? ¿Por qué habría el Gobierno de incurrir en más gastos,  y más burocracia, para en palabras de su ahora feliz conductor,  “generar foros y encuentros para el debate de ideas de los más diversos orígenes”,  cuando para ello se supone,  ya existe entre otros Canal 7? Lo cierto es que quienes ostentan el poder desde ya 2003 no están interesados en lo que la oposición tenga para decir.  La máxima prueba de ello está en sus incesantes intentos por monopolizar el significado de lo que es ser argentino,  nublando la tal vez sutil pero importante diferencia entre faccionalismo y patriotismo.

La cultura a todo esto tiene como el periodismo un claro rol central.  El Gobierno necesita de una vanguardia de intelectuales preparados para desenvainar sus plumas por la causa nacional y popular en la guerra por la hegemonía cultural.  En este sentido la sociedad civil es compleja y engloba distintos sentidos e intereses.  Precisamente por ello,  el problema de fondo es el  hibris del populismo,  su hambre por anular la independencia de las instituciones,  y su ego por supeditar la diversidad a un control corporativo de la sociedad.  Lo banal pues de este nuevo organismo que dice estar dedicado al “pensamiento nacional”, es que pretende manifestar algo evidentemente ya expreso por diestra y por siniestra en la sociedad civil.  Argentina pese a todos sus problemas no es más una dictadura a la usanza militar. Es una república con garantías constitucionales que salvando la obviedad dan lugar a que se respeten, difundan y se debatan todas las tantas ideas e influencias que dan forma a ese conglomerado de cosas que en efecto es el pensamiento nacional.

El Ministerio de la Verdad argentino es sólo un indicio escueto que habla de un problema mayor como lo es la contradicción entre populismo y republicanismo.  Sería muy insulso sino irresponsable que la ciudadanía aceptara el absurdo de esta nueva designación.  Esta medida sólo beneficia a Forster,  cuyo “contrato”  demás está decir queda renovado,  y perjudica en todo sentido a la escena cultural de la nación.  Debemos tener siempre presente que quienes están defendiendo la necesidad de centralizar e institucionalizar el “pensamiento nacional” para de algún modo marciano preservar su diversidad,  son los mismos que complacen a desplazar la Feria del Libro a Tecnópolis para democratizarla al son de “todos y todas”,   y los mismos quienes le niegan a reconocidos ensayistas opositores al Gobierno cuotas para participar de eventos literarios en el extranjero.

Al final de cuentas,  como no es políticamente correcto defenestrar públicamente al republicanismo,  es mejor tomarlo de rehén hasta que el pobre desarrolle un síndrome de Estocolmo y se identifique con las trasgresiones de su captor. No nos dejemos obnubilar.

Ministerio de la Verdad Argentino
5/(100%) de 1 voto)

Comentarios

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here