Mirando adelante: De políticas públicas a políticas nacionales

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Quienes gustamos de observar el devenir de los diferentes pueblos del mundo, en búsqueda de buenas ideas para proponer a nuestro propio colectivo nacional, solemos identificar a los países “silenciosos” como aquellos donde mayores grados de bienestar se han alcanzado. Son pueblos que se han puesto de acuerdo en un norte de largo plazo y que no desperdician ya sus energías en grandes diferendos.

Puesto que las cuestiones económicas y sociales de fondo han sido acordadas, sus sistemas políticos ya están abocados casi exclusivamente a cuestiones propias de la natural evolución del hombre, como el ambientalismo o la adaptación de la normativa a los cambios sociológicos constantes. Esto es, las políticas públicas, sostenidas en el mediano plazo por un gran acuerdo nacional, han pasado a ser verdaderas POLÍTICAS NACIONALES, políticas de la Nación toda. Y no es posible que un cambio de gobierno signifique un cambio profundo en la vida nacional sin previo debate profundo y meditado.

En Argentina solemos pensar que somos demasiado particulares. Observamos que nuestro potencial humano y material no se condice con estado general de las cosas y nos consolamos diciendo: “somos Argentina, somos diferentes a todos. No se pueden buscar ideas afuera porque nuestra idiosincrasia es demasiado particular”.

Vaya petulancia que hay en esos enunciados!!!

¿Acaso no se entienden a sí mismos como fuertemente particulares también los demás pueblos?. Algunos de ellos con miles de años de historia más que nosotros, aún considerándonos europeos re-implantados. ¿Qué tienen en común un japonés, un noruego o un neozelandés por ejemplo?. Sin embargo son países que han hecho un excelente mix entre soluciones, digamos, “importadas” e ideas propias.

A grandes rasgos, todas las naciones pueden dividirse, burdamente y a efectos prácticos, en tres actores principales: capital, proletario y fuerza política, incluyendo en éste último grupo a los sindicatos. Y Argentina no es, para nada, la excepción.

Entonces, porque no logramos tener políticas públicas, constructoras de bienestar, como han logrado otros países?. Muy simple: la clase dirigente toda (el trío anterior completo) no está a la altura de las circunstancias.

Han sido completamente incapaces de proponer acuerdos, por lo menos, de mediano plazo. O bien porque piensan desde la nefasta filosofía de la lucha, en lugar de la cooperación, o por simple corrupción material o espiritual.

Nadie sabe hacia donde camina la Argentina. Su economía es por períodos abierta y por períodos cerrada. Se discute si campo o industria, como si el agro no fuese una enorme industria. Si exportamos materia prima o producto terminado, como si no se pudiese hacer ambas cosas. La visión general de la industria es la de la industria pesada, propia de las mentalidades militaristas, como si no fuese una industria el turismo o la mismísima estabilidad de una economía que genera campo fértil para la industria bancaria, herramienta amiga del desarrollo de las fuerzas productivas todas.

El alto empresariado nacional, la cúpula sindical y la clase política dominante han hecho de una tierra rica, un país de circunstancias donde no se puede pensar más allá de 5 años, siendo generoso. Aún así, el talento nacional es tal que por ejemplo el empresariado PYME, casi heroico en este contexto, sobrevive creando riqueza contra viento y marea. Irónicamente todos aquellos que se han abanderado detrás de la “soberanía” han resultado los forjadores de esta Patria débil.

Deberemos los jóvenes ser capaces de abstraer nuestro pensamiento respecto del propio de las generaciones anteriores. Deberemos salirnos de la lógica de bandos por que solamente de una nueva forma de pensar saldrán ideas nuevas y solamente así podremos proponer un norte de mutua conveniencia. Transitando los caminos del medio podremos comprobar que un estado mediano puede ser un gran socio de su Nación. Una clase política de altura será la forjadora prima de una clase dirigente a su nivel. El trabajo de la política será persuadir y no derrotar.

Deberemos pensar la política como un todo y debatir, sin tapujo, nuestro concepto del progreso. Argentina tiene el potencial de ser un verdadero modelo civilizatorio para la humanidad. Debatamos que vida queremos para nosotros y nuestra descendencia. No tengamos miedo a la utopía. Pensemos enfocándonos en la calidad de vida, fuera de corrales ideologicos y propongamos los caminos prácticos para alcanzar tales fines. Las POLÍTICAS PÚBLICAS para alcanzar tales fines y habremos, desde la rica Argentina, hecho lo mejor que se puede hacer por el prójimo, que es: DAR UN BUEN EJEMPLO

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