Política, una cuestión de Estado que enferma

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La actual Presidenta de la Nación se suma a una larga lista de personalidades de la política que padeció una serie de enfermedades
Cristina Kirchner,una de las víctimas de las enfermedades de la política

Bien conocido es el vínculo existente entre el estrés y los eventos cardiovasculares (accidente cerebrovascular, infarto agudo de miocardio) y otras enfermedades de base genética gatilladas o exacerbadas con el estrés. Una de las actividades más estresantes por estos días es la política y el ejercicio del poder, y numerosos son los ejemplos de políticos que han sufrido (y sufren) las consecuencias. Hablemos un poco de las enfermedades del poder.

Se fuerza la máquina

Los políticos, tanto en la Argentina como en el mundo, sufren un nivel de exposición muy alto y difícil de sobrellevar. Cuestionamientos permanentes, acusaciones,  denuncias (fundadas o no), campañas políticas extensas, y enorme responsabilidad en los destinos de la gente (o irresponsabilidad, depende el caso), van haciendo mella en la salud, tanto física como mental de los involucrados. Dicha actividad en pocas ocasiones permite hacer un “parate” y destinar un tiempo  necesario a cuidar la salud. En muchos casos, el reflejo llega tarde. Y la prevención de los eventos  siempre es secundaria. La globalización de la información política los pone continuamente “en el tapete” y están a merced de cualquier operador, por lo que son presa de campañas sucias, hoy moneda corriente en nuestra política doméstica, que obviamente roza y afecta a sus familias. Sobran ejemplos de presidentes, primeros ministros y funcionarios de alto rango que han sufrido los efectos perniciosos de la función pública. Como ejemplos podemos citar a Carlos Menem (enfermedad aterosclerótica carotidea), Fernando de la Rúa (enfermedad aterosclerótica coronaria; se le realizó angioplastia),  Néstor Kirchner (enfermedad aterosclerótica carotidea y coronaria; luego infarto de miocardio y muerte) y el recientemente sometido a cirugía de by pass coronario Luis D’Elía (político de nivel subterráneo), diabético con sobrepeso y enfermo coronario.

Poder, política y adrenalina

Se sabe que el poder es la droga de los políticos. Mientras más poder tienen los funcionarios dentro de la política, más propensos a enfermarse están. ¿Por qué? Sin darse cuenta, muchos políticos toman decisiones que difícilmente  puedan sostener. Para bien o mal, dichas decisiones generan estrés, por acción o por omisión. El enorme nivel de exposición al que están sometidos, las críticas periodísticas y advenimiento de las redes sociales como elemento inquisidor, entre otros, resultan en un cóctel explosivo que no todos los organismos pueden soportar. Todo esto, a nivel físico, se traduce en una catarata de adrenalina que desata un estado inflamatorio, alteraciones de la coagulación predisponiendo la aparición de  eventos cardiovasculares. Enfermedades como la diabetes (que no es “de los ricos”) e hipertensión arterial son las primeras en descontrolarse ante situaciones estresantes, con las consecuencias -nefastas- que los médicos conocemos.

El impacto en la psiquis

Las mismas circunstancias que perpetúan la tensión psíquica, generan también trastornos psicológicos. Depresión, ansiedad generalizada y pánico son algunos ejemplos de los más comunes vistos por los médicos y experimentados por varios actores de la política. En no pocos casos se acude al consumo de drogas, legales y no legales; aunque no ahondaremos en el tema.  Ante éste panorama debemos preguntarnos: ¿Cuentan los políticos con el suficiente asesoramiento médico para contrarrestar dichos estados? ¿Se puede pasar por la función pública sin ser víctima de alguna de éstas patologías? ¿Son conscientes los políticos del daño que pueden sufrir a consecuencia del estrés?

De más está decir que los políticos no sólo están “enfermos de poder”.

Más detalles en el siguiente link con información adicional.

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