¿Qué hacemos con los vicepresidentes?

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En Argentina, históricamente, los vicepresidentes se enfrentaron a sus
Julio Cobos, uno de los ex vicepresidentes enfrentados a la figura presidencial

Hace algunos años atrás, más precisamente en el año 2010, publicaba un artículo denominado El rol de los vicepresidentes en Argentina en el periódico español El Imparcial de Madrid. En la madrugada del miércoles 14 de octubre de aquel año 2010, el Senado de la Nación Argentina aprobaba la ley que venía a consagrar el establecimiento del 82% del salario mínimo vital y móvil para la jubilación mínima, actualizando el resto del escalafón del sector pasivo de acuerdo con diversos fallos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Pero el dato principal que motivó la redacción de aquel artículo fue la posición del entones vicepresidente de la Nación Julio Cobos quien, reeditando la actitud asumida durante el tratamiento legislativo de la denominada resolución 125 en 2008 y asumiendo nuevamente una posición en conflicto con la postura del oficialismo, apoyó la ley haciendo posible con su voto la aprobación de la propuesta legislativa de la oposición.

En el año 2012, luego de un confuso episodio conocido como la matanza de Curguaty y en el marco de la ruptura del Partido Liberal Radical Auténtico-PLRA, representado en el Poder Ejecutivo por la figura del entonces vicepresidente Federico Franco, con y de la coalición oficialista, se sustancia el proceso de juicio político que con el voto favorable de 39 senadores y 5 en contra culminó con la destitución del presidente Fernando Lugo y la asunción de Franco como titular del Poder Ejecutivo.

Al momento de escribir estas líneas se encuentra en discusión la posibilidad de sustanciar el juicio político a la presidente Dilma Rousseff en Brasil, habiendo sido aprobado el inicio del proceso en la cámara de Diputados por 367 a favor, 137 en contra 7 abstenciones y 2 ausentes, estando pendiente de aprobación el trámite ante el Senado Federal. Este proceso se desarrolla en el marco de una crisis económica y social, fuerte movilización callejera, presión mediática y la ruptura de la alianza de gobierno entre el Partido de los Trabajadores-PT y el Partido del Movimiento Democrático Brasileño-PMDB. De prosperar la suspensión y eventual destitución de la presidente de Brasil, el cargo deberá ser ejercido por el vicepresidente y ahora encarnizado enemigo Michel Temer, del PMDB quien ha sido objeto de una fuerte acusación por parte de la presidente Rousseff tanto a nivel nacional como así también en el ámbito internacional.

Todos estos hechos me llevan nuevamente a reflexionar sobre el rol de los vicepresidentes ahora más allá de los límites de la Argentina; examinando la Constitución de los tres países encontraba algunos atributos en común respecto la definición de la estructura del Poder Ejecutivo como así también del vicepresidente de la Nación:

  1. Un Poder Ejecutivo de carácter unipersonal.
  2. Ausencia de o ambigua definición del rol institucional del vicepresidente.
  3. La elección del presidente y del vicepresidente como fórmula electoral y por lo tanto con similar legitimidad de origen.
  4. Ausencia de mecanismos procedimentales para resolver posibles controversias entre dos figuras con igual legitimidad de origen.

Frente a este panorama cabe preguntarse parafraseando a Vladimir Lenin ¿Qué Hacer?

He aquí algunas alternativas al problema de los vicepresidentes

  1. Una definición más precisa y sin ambigüedades del rol del vicepresidente, partiendo de la comprensión de su rol en cualquier esquema de sucesión presidencial.
  2. Eliminación lisa y llana de la figura en la medida en que el mismo es, producto del limbo institucional en el que se encuentra, visto como conspirador y teniendo detrás de todo vicepresidente un “Frank Underwood” en potencia y en muchas ocasiones en acto.
  3. Establecimiento de un mecanismo que permita al presidente electo elegir su o sus vicepresidentes.
  4. “Que parezca un accidente”, aunque no tratándose esta última una solución de carácter institucional.

El autor de estas líneas da la bienvenida a otras alternativas, dado que lo que está en juego no es otra cosa que la resolución del problema de la sucesión presidencial.

¿Qué hacemos con los vicepresidentes?
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