Redundancia en el Sistema Electoral

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Vemos en estos días ante los patéticos hechos producidos en el acto eleccionario del 23 de agosto en Tucumán una creciente concientización y preocupación de la ciudadanía respecto a las debilidades del sistema electoral vigente. La cercanía de elecciones presidenciales que pueden significar un cambio verdadero es un aliciente acentuado en esta elección para defender el voto.

 

Se aprecia un justificado descrédito respecto a la posibilidad de que la voluntad popular expresada en las urnas se vea debidamente reflejada en el resultado del comicio. Hablamos entonces, en términos generales, de fraude. El otro elemento que se visualiza perverso es el, cada vez más descarado, clientelismo mediante el cual se induce o compra el voto por entrega directa de bienes (electrodomésticos, viviendas, comida, dinero o droga) o beneficios (“planes” o empleo público) o, indirectamente, por la amenaza de perder aquellos si el voto no es el que el puntero desea y/o el resultado no es  favorable a su partido.

 

El clientelismo es un comportamiento complejo, extendido en el espacio y no limitado al acto eleccionario, por lo que su combate exige mayormente significativos cambios de paradigma tanto en el accionar de los políticos como en la expectativa de los ciudadanos. Se requiera la eliminación misma de las políticas clientelares, del estado paternalista, de la asistencia sin justificación y del beneficio carente de contrapartida que lleve a eliminar la necesidad que se aborda.

La distorsión clientelista admite, no obstante su complejidad, algunas medidas simples, esencialmente de veda, que sumadas al estricto cumplimiento de lo expresado en la Ley Electoral respecto a las campañas, podrían paliar el problema allí donde exista una voluntad firme de evitarlo. La condición resaltada no admite omisión; hay que recordar que innumerables argentinos (y extranjeros en algunos casos) han sido acostumbrados a la idea de que cada elección es una ventana de oportunidad para conseguir regalos y prebendas. Por lo tanto la resistencia a la conducta honesta puede ser despiadada, aún allí donde se cuente con fiscales, jueces y policía comprometidos con la ley e independientes.


El fraude si bien es también una actitud, que se suele lavar con el eufemismo “picardía”, es básicamente técnico y puede ser combatido con mayor facilidad y más concretamente que el clientelismo.  Las instancias en que la distorsión de los resultados ocurre son varias. Se discute primariamente evitar la falta de boletas, simplificar el mecanismo de selección, etc…

Esencialmente las soluciones al respecto se concentran en la Boleta Unica, ya sea papel (p-BU) o electrónica (e-BU). Ambas han mostrado su superioridad respecto al sistema tradicional. La decisión entre ambas solo puede saldarse  a mi entender cuando se las juzgue en forma relativa y realista en lugar de potencial y abstracta, es decir juzgando realmente cual es la probabilidad de que las falencias, teorizadas o comprobadas, de la p-BU y e-BU puedan llegar a efectivizarse. Mi impresión al respecto favorece la e-BU pero no me extenderé ya que es obvio que esta no puede ser la solución para Octubre por cuestiones temporales y logísticas.


Asumamos que la cuestión Boleta se salda de alguna manera. El sistema electoral no acaba allí, ni cuando se ha contado satisfactoriamente el contenido de la urna en la escuela. Es necesario concentrar los resultados parciales en una(o más) totalización(es). Es en este procesamiento ulterior donde me llama la atención que no se propongan soluciones apelando al concepto de “redundancia”.   Aunque se puede expresar de más de una forma tomamos de Wikipedia esta definición

“principio de diseño por el cual diversos dispositivos de seguridad pueden cumplir la misma función simultáneamente, garantizando en caso accidental de uno de ellos, que los otros dispositivos aún protejan al sistema y le permitan continuar funcionando”.

    
Todos conocemos, o hemos oído, hablar de elementos/dispositivos redundantes comunes: el backup de datos informáticos, el freno de doble circuito en un auto, diferentes sistemas múltiples en aviación y vehículos espaciales.

Es simple que por analogía pensemos en duplicar (o multiplicar) cada acta de mesa válida y hacer circular el original por el circuito tradicional mientras que el duplicado recorre un circuito paralelo(1). Este circuito alternativo, incluso no necesariamente idéntico en forma al tradicional, podría ponerse en manos, por ejemplo, de intelectuales independientes destacados, de ONGs como Ser Fiscal y/o de veedores internacionales. La coincidencia entre el resultado provisto por ambos circuitos  sería una garantía para todos de la legitimidad del acto y de los funcionarios así elegidos.


La garantía de legitimidad es fundamental a la  democracia y resulta imprescindible para cualquiera que pretenda sacar el país del caos en que  se encuentra sumida la República o lo que queda de ella. Una elección nacional impugnable e impugnada, con la mitad de la gente en la calle reclamando por fraude, como ocurre hoy en Tucumán no le sirve al oficialismo ni a la oposición. Es indispensable que se junten las cabezas para desarrollar urgentemente mecanismos que solucionen esta cuestión sin tardanza; no hacerlo es una apuesta de probabilidad no nula por la disolución. Es intención del autor que las ideas expuestas más arriba colaboren a ese desarrollo.


Si se logra salvar la legitimidad de la elección de Octubre y de su probable ballotage, quedará por delante la reforma completa del sistema electoral. Aún hará falta agilizarlo con medios actualizados, aún votarán los que no quieren hacerlo por desconocimiento u otras razones, aún votarán los condenados por grave incumplimiento a las leyes, aún serán elegibles subsumidas en listas personas sin capacidades mínimas, aún el voto de un ciudadano patagónico valdrá más del doble del de uno porteño para consagrar un diputado, etc…


Habrá aún mucho que hacer, mucho que cambiar. Cambiemos.     

 


(1) Una e-BU como la usada en CABA, no así la p-BU por depender del votante, permitiría la duplicación física de cada voto por lo que se podría armar simultáneamente una “urna-backup” física, sin mengua de archivo digital.   

Redundancia en el Sistema Electoral
5/(100%) de 1 voto)

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