Celulares en el aula ¿Son una oportunidad o un problema?

Estos días se hizo viral la carta de un profesor uruguayo, Leonardo Haberkorn, que se cansó del uso de celulares en el aula. Entiendo su angustia y su frustración, pero quizás por la brecha generacional que nos separa interpreto que está abordando mal el tema. Me pregunto: ¿Son nuestros estilos y métodos de enseñanza compatibles con las demandas del Siglo XXI?

Dijo “Me cansé de pelear contra los celulares en el aula, contra WhatsApp y Facebook”. Equivoca el diagnóstico. Whatsapp, Facebook y cualquier otra app no pelean contra el docente. Las nuevas tecnologías pueden ser su aliado o su adversario, en última instancia lo que está en juego es la atención de los alumnos quienes pueden elegir, hoy con más libertad que nunca, donde depositarla.

Cada vez que voy a dar clases tengo en claro que los chicos tienen varias cosas que pueden considerar más interesantes o divertidas que mis explicaciones sobre microeconomía o análisis económico del Derecho. El desafío docente está, justamente, en poder traducir estos conocimientos a un lenguaje y a un formato que les resulte accesible, cómodo e interesante.

La tarea del docente y los celulares en el aula

La tarea docente se ha vuelto más compleja porque hoy los estudiantes son más libres. Si decimos lo mismo que dice un libro de texto, si pueden reemplazar los 45 minutos o más que compartimos en un aula con dos videos de youtube entonces es razonable, eficiente y hasta positivo que dediquen su tiempo de una forma que les divierta más mediante el uso de celulares en el aula. Las nuevas tecnologías exponen a muchos profesores que sencillamente no agregan valor a sus alumnos y cuestionan un paradigma aúlico poco revisado.

Esto no implica desconocer que hay alumnos que desaprovechen una buena oportunidad o se pierdan una buena clase, pero las causas de esto van más allá de Facebook y habría que buscarlas en la valoración que tengan del conocimiento como herramienta para tener una vida mejor el día de mañana. ¿Estamos construyendo una sociedad que premia al conocimiento y a la dedicación? Si la respuesta es “no”, probablemente sea preferible usar Tinder.

No todo depende de nosotros, los profesores. Pero definitivamente hay mucho que se puede hacer para captar la atención de los estudiantes. Tirar la toalla es el camino fácil. Rendirse y echarle la culpa a las nuevas olas es sólo una forma de esconder las propias falencias. Nuestro trabajo es de seducción antes que nada, sin ello no hay diálogo pedagógico posible.

¿Qué entendemos por nuevas tecnologías en el aula?

Hace unos meses realicé una investigación en el marco de la carrera docente de la UBA sobre el uso de nuevas tecnologías. La gran mayoría de los docentes las consideran “muy importantes” pero su uso no va más allá del Powerpoint, el E-mail (¿sigue siendo nuevo esto?) o el Prezi (para los modernos). Hay mucha ignorancia y se dedica muy poco tiempo para aprender nuevas herramientas.

Tomando el toro por las astas, decidí dar un curso gratuito de actualización docente, para ayudar a que los colegas puedan amigarse con el Siglo XXI. Necesitamos mejorar el capital humano de nuestro país y eso requiere que menos docentes bajen los brazos o tiren la toalla ante los desafíos del futuro.

El arte del docente está en saber guiar a la curiosidad hacia el conocimiento, ahí radica el desafío.

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