Clientelismo político: nueva forma de esclavitud

Argentina está viviendo en estas épocas, desde mi punto de vista, una crisis cultural. Cuando hablo de una crisis cultural me refiero a una palabra amplia que abarca no solo a la educación, al trabajo, sino también a muchos valores que hemos perdido con el correr de los años.

Partiendo de un punto central como el clientelismo político, el cual es uno de los problemas arraigado que tiene el país hace mucho tiempo y que requiere la búsqueda de una solución inmediata que garantice libertad y justicia en la República Argentina. Podría dar inicio al concepto como el intercambio de bienes particulares, como planes sociales y empleos públicos a cambio de apoyo a un partido político para perpetuarse en el poder. Para ir más a fondo creo que esta palabra involucra tanto a los políticos y otros individuos que actúan de esta manera, como así también las personas que permanecen indiferentes ante esta realidad que corrompe todas las instituciones, haciendo que la democracia quede dañada por estos actos indignos. La esencia de  todos los derechos humanos, se encuentra en la dignidad del ser humano, y como tal adquiere un carácter de inalienable e insustituible. En consecuencia, todos estos derechos que poseen los individuos como tales, no pueden ser vulnerados.       

Sabemos que la mayoría de nuestros gobernantes utilizan bienes públicos, no solo para enriquecerse, sino también para el fomento de estas prácticas clientelares, que se generan de las carencias de las personas que realmente buscan un trabajo u otra manera de satisfacer sus necesidades básicas.

La sociedad tiene que comprender que si seguimos avalando estas prácticas nefastas nunca vamos a progresar como país. Una de las razones por las cuales se produce esto es porque somos muy individualistas como personas, pensamos siempre en nuestro propio beneficio y no en el bienestar colectivo.

Existen grandes pilares en los cuales debemos apoyarnos para salir de esta situación: el trabajo, la educación y la familia.

El trabajo porque por medio de él, el hombre busca su bienestar y el de su familia. La sociedad progresa y se dignifica.

No se puede dejar de resaltar que a través de los años, el trabajo ha sido y es, el único modo digno que tiene el hombre de ganarse la vida y evitar el clientelismo. El hombre como trabajador es ante todo persona y en consecuencia posee derechos y deberes dentro de los cuales se  encuentra el trabajo. Muchas veces dignidad y trabajo, no van de la mano, ya que no todos los trabajos siempre son dignos o por lo menos no necesariamente cumplen con la misión de dignificar, sino todo lo contrario, resulta degradante.

Con educación de calidad, donde enseñen desde temprana edad sobre lo importante que es el conocimiento, principal capital que tiene un país para desarrollarse.

Por último la familia, institución que se ha desmembrado. Esta debe recuperar la función de sostén de los niños e inculcar valores de trabajo, educación y amistad. Además del diálogo, que es fundamental ya que el hombre es un ser en relación. Con el diálogo uno se conoce a sí mismo y a su entorno.

Los ciudadanos que hemos recibidos una buena educación, a los que nuestros padres nos han enseñado con su sabiduría los valores con los cuales podremos vivir en forma correcta, sin agresión, con diálogo, tenemos que ser responsables y reflexionar sobre qué Argentina queremos. Muchas veces cuando hay problemas que solucionar miramos para otro lado, pensamos que las dificultades que vivimos como sociedad se van a arreglar solas, sin nuestra intervención. Pues creo que nos estamos engañando porque la solución está en nuestra participación.

El artículo 15 de nuestra ley suprema dice “En la Nación Argentina no hay esclavos: los pocos que hoy existen quedan libres desde la jura de esta Constitución…”. Es decir, básicamente, una persona no puede ser propiedad de otra. Acá se ve muy claramente que el clientelismo es una práctica inconstitucional.

El Congreso de la Nación, muchas veces ineficiente, debería sancionar leyes que atiendan la situación del clientelismo. Debe brindar herramientas al poder judicial para que actúe de forma eficiente y eficaz logrando así una democracia más sólida.

San Juan Pablo II, reflexionaba sobre el clientelismo

“… son muchas en nuestro tiempo las necesidades que interpelan la sensibilidad cristiana. Nuestro mundo empieza el nuevo milenio cargado de las contradicciones de un crecimiento económico, cultural, tecnológico, que ofrece a pocos afortunados grandes posibilidades, dejando no sólo a millones y millones de personas al margen del progreso, sino a vivir en condiciones de vida muy por debajo del mínimo requerido por la dignidad humana. ¿Cómo es posible que, en nuestro tiempo, haya todavía quien se muere de hambre; quién está condenado al analfabetismo; quién carece de la asistencia médica más elemental; quién no tiene techo donde cobijarse?             

Tenemos que dejar de lado una parte de la postmodernidad, la cual nos hace ser pesimistas y dejar de lamentarnos por el pasado. Visualizar que la solución está en el futuro.

Ninguna crisis, ya sea social, política o cultural puede desviarnos del camino en el cual busquemos la verdad para tener un país y un mundo más equitativo, con progreso y sobre todo sin cadenas de esclavitud.

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