Contra la democracia, se aprobó la ley de paridad de género

Parece mentira, pero el Poder Legislativo olvidó su reciente problema con la posible asunción de Joanna Picetti, quien ocupaba el octavo lugar en la lista porteña de Cambiemos. Picetti aún quiere ocupar su banca, a pesar de que varios miembros de su partido le pidieran la renuncia, luego de que se hicieran públicas las denuncias por maltrato infantil que pesan en su contra. Esta situación sucedió luego de que la Cámara de Diputados discutiera 19 proyectos para aumentar el cupo femenino en el Poder Legislativo, y un proyecto para aumentar la cantidad de Diputados.

El sentido común hubiera indicado que, luego de estos hechos, la prioridad debiera ser encontrar los mecanismos necesarios para evitar que personajes como Picetti adquieran poder por medio de listas sábanas, amén de que podrían hacer caso a los votantes cuando manifestamos nuestra disconformidad respecto al enorme costo legislativo, lo cual incluye quejas contra los honorarios excesivamente elevados de los Diputados y sus asesores, y malestar por los privilegios de la corporación política.

Sin embargo, lejos de compartir la agenda del ciudadano, la Cámara de Diputados celebró hoy una cesión para tratar la “Ley de Paridad de Género”. Una ley contraria a la igualdad de oportunidades y la democracia. Como no podía ser de otro modo, los Diputados votaron en silencio, a las dos de la madrugada, como quien comete un delito. Mientras tanto, el pueblo argentino compartía distraído la preocupación por el destino de los 44 tripulantes de un submarino que protegía nuestro mar territorial.

La cuestión de fondo

Los Diputados que promovieron la sanción de esta ley no están preocupados por la igualdad de oportunidades. Su único objetivo es la adquisición de poder para aquellos que se hacen llamar a sí mismos, feministas. Eso explica por qué no está en tela de juicio la igualdad de la edad jubilatoria, pero si lo está la conformación de la Cámara de Diputados.

La Ley de Paridad de género no es una demanda de la sociedad. Es una preocupación de la corporación política. Su sanción en la Cámara Baja no es más que una clara muestra de la enorme desconexión que tienen algunos Diputados con sus votantes. Mientras que sus representados piden bajar los impuestos, con el único fin de llegar a fin de mes, nuestros representantes discuten cómo repartir la distribución del poder y subir sus honorarios.

Aquellos que sancionaron esta norma, insultan la inteligencia de sus propios electores. Los argentinos no elegimos conforme la genitalidad de los postulantes. Elegimos o descartamos las ideas que nos proponen. Esto es lo que nos da el estatus de democracia ante el mundo.

Peor aún es saber que la ley criticada es contraria a nuestra máxima norma, la Constitución Nacional. El Artículo 16 de la Constitución Nacional indica que todos los ciudadanos somos iguales ante la ley, admisibles en los empleos y funciones públicas sin otra condición que la idoneidad. Pareciera que estos legisladores se creen por encima de la ley suprema de la Nación.

Sin embargo, no todo está perdido. Cuatro Diputados se atrevieron a votar en negativa, y un porcentaje relevante no se presentó a dar quórum. El presidente Mauricio Macri aún tiene la posibilidad de vetar esta ley contraria a la libertad. Espero que haga lo correcto, a  pesar de ser una decisión políticamente incorrecta.

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