Corea del Norte juega con fuego

Pyongyang resulta ser un país aislado del sistema internacional, ya que sigue los designios de su líder, Kim Jong-Un. Y una decisión arriesgada de su parte, fue la de lanzar este martes, un misil balístico que sobrevoló Japón, ignorando las sanciones impuestas por las Naciones Unidas (ONU). El misil cayó al mar a unos 1.200 kilómetros al este del territorio japonés.

El desarrollo armamentístico nuclear y sus repetitivos ensayos, mantienen en alerta a la comunidad internacional por las desastrosas consecuencias que provocaría. Al polvorín de conflictos internacionales específicos, como la guerra en Siria, en Ucrania y los ataques terroristas en Europa, entre otros, se sumaría este nuevo conflicto en el que están en juego varias posiciones de carácter determinantes: Estados Unidos, Europa, Corea del Norte, Corea del Sur, Rusia y China.

Después de conocerse la noticia del ensayo norcoreano, Washington y Tokio reaccionaron al instante y acordaron aumentar la presión sobre Corea del Norte. El Primer Ministro japonés, Shinzo Abe, llamó inmediatamente a su aliado Donald Trump y coincidieron en las medidas a adoptar. Por su parte, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó a principios de agosto, un puñado de sanciones económicas que significaría un recorte de exportaciones por el valor de 1.000 millones de dólares (principalmente aquellas como el hierro, carbón y mariscos). Desde el ángulo chino, las sanciones y presiones contra el régimen norcoreano no han surtido efecto alguno, todo lo contrario, han exacerbado el desarrollo armamentístico. Una solución propuesta por Pekín es realizar una ronda de negociaciones basadas en el diálogo. Rusia también comparte este punto de vista, asegurando que un ataque directo sería una catástrofe para todos los actores involucrados. Existe una relación relativamente cercana entre China y Corea del Norte, ya que Pekín es el principal socio comercial de aquél. En tanto el intercambio comercial entre Moscú y Pyongyang es bajo: Norcorea compara mayormente combustible a Rusia y le vende minerales, pescado congelado y vestimenta en pequeños volúmenes. Corea del Sur, en alerta, se encuentra llevando a cabo maniobras militares conjuntas con Washington.

El pasado martes 29 de agosto de 2017, en reunión extraordinaria, el Consejo de Seguridad aprobó por unanimidad una declaración condenatoria contra Pyongyang. La reunión fue solicitada por Estados Unidos, Japón y Corea del Sur. La embajadora de Washington ante la ONU, Nikki Haley, consideró el lanzamiento del misil como inaceptable y comentó que el objetivo de la reunión es hablar sobre lo que hay que hacer ahora. Si bien el misil lanzado no es nuevo, representa una amenaza muy grave debido a que por primera vez, fue utilizado el sitio de lanzamiento Sunan, cerca de la capital norcoreana, lo que implicaría que Pyongyang está expandiendo el número de lugares de lanzamiento o que está evadiendo la detección de misiles. Su programa de armas se está expandiendo a un ritmo demasiado vertiginoso. Hace un tiempo, en 2009, un misil de largo alcance Taepodong- 2 atravesó el espacio aéreo nipón, y anteriormente en 1998, un Tsepodong -1 había hecho lo mismo.

Siguiendo el análisis de varios analistas, el mensaje es claro: Norcorea pretende continuar con el programa a pesar de la presión internacional. Según esta observación, se estima que no es un hecho crucial para desatar una guerra contra el régimen dictatorial, ya que los misiles no estaban dirigidos contra Guam o cualquier otro territorio norteamericano. La vieja táctica de la disuasión parece funcionar. El presidente Trump ya ha barajado la posibilidad de recibir un ataque de Norcorea y por eso ha declarado que todas las opciones están sobre la mesa a la hora de brindar una respuesta a cualquier ataque. La política de la Casa Blanca podría resultar beneficiosa para Kim jong-un, debido a que es funcional a sus objetivos de propaganda interna que le permiten cierto grado de popularidad y permanencia en el poder.

En definitiva, los ensayos nucleares de Kim Jong-Un y sus decisiones espontáneas mantienen en alerta a todo el mundo. Su régimen desconoce las presiones y sanciones norteamericanas y de la ONU, y parece no dejarse influenciar por nada ni nadie. Tanto Rusia como China están determinados en impedir cualquier ofensiva norteamericana y respaldan la opción de la diplomacia multilateral. Ningún actor tiene la respuesta para contrarrestar esta amenaza, pero como todo peligro, existen dos formas de tratarlo: negociando para alcanzar una solución pacífica o actuando para contrarrestar una ofensiva.

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