De cara al Mundial, el terrorismo nos robó el fútbol y la libertad

Se acerca el mundial de fútbol, y la mayoría de los argentinos sólo quieren disfrutar de un sano espectáculo deportivo. Es así que, para calmar la ansiedad del hincha, la AFA organizó una serie de encuentros amistosos contra selecciones más pequeñas. Sin embargo, esta semana fuimos testigos de una horrible noticia.

Al parecer, la alianza entre organizaciones terroristas islamistas y palestinas (como Hamas, Fatah, FFP e ISIS), partidos de extrema izquierda (como el MST y FIT), y organizaciones neonazis (como el BDS y Bandera Vecinal) logró cancelar el encuentro entre la selección argentina e Israel. Obviamente, la suspensión del evento no fue el fruto de una labor intelectual. El boicot en cuestión fue el resultado de actos de extrema violencia y amenazas de muerte contra ciudadanos argentinos.

Crónicas de los grupos violentos

No genera ningún tipo de sorpresa que estos grupos dirijan sus agresiones contra atletas ajenos a la política. En el año 1972 la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) ya había organizado un ataque terrorista contra atletas israelíes. Por aquel entonces su líder, Yasir Arafat, contó con asistencia logística de grupos alemanes neonazis.

Las amenazas al seleccionado argentino comenzaron de la mano de la Federación Palestina de Fútbol. Su presidente, Jibril Rajoub, amenazó especialmente a Lionel Messi. En tal contexto pidió quemar banderas argentinas y símbolos que refirieron al crack rosarino. El ISIS también se sumó a las amenazas, subiendo fotos de Messi siendo ejecutado por terroristas. En Buenos Aires las presiones fueron un poco más pacíficas. Se limitaron a cortes de calle por parte del MST y videos de Hebe de Bonafini.

Sin embargo las amenazas escalaron a otro nivel durante el entrenamiento del pasado lunes. En esta ocasión, un grupo de violentos se acercó a la selección argentina gritando por megáfono los nombres de los jugadores. También prendieron fuego banderas argentinas, y empaparon de sangre camisetas del equipo nacional.

Finalmente, frente a las amenazas de muerte, los jugadores argentinos decidieron cancelar su viaje a Israel.

Lo que el miedo nos dejó

No es mi objetivo criticar el accionar de los jugadores, porque es muy fácil ser valiente con el pellejo ajeno. Sin embargo, creo que es necesario reflexionar sobre la actitud de nuestra sociedad, y el triunfo terrorista.

Evidentemente, los grupos violentos nos han vencido. En primer lugar, porque demostraron que mediante agresiones y amenazas nos pueden indicar que partidos de fútbol podemos jugar, y cuales deben ser suspendidos. Y en segundo lugar, porque nos han demostrado que el miedo puede callarnos.

Quiero hacer especial énfasis respecto a este segundo punto. Al día de hoy el estado argentino no se atrevió a repudiar las amenazas de muerte contra ciudadanos argentinos. Tampoco lo hicieron los políticos, a excepción del diputado Waldo Wolff (nobleza obliga su mención).

Entre los periodistas también reina el silencio. Están, en su enorme mayoría, debatiendo sobre cuestiones deportivas. Concentrando sus energías en criticar la decisión de jugar (o no) un partido de fútbol. Son muy pocos los comunicadores que se atrevieron a condenar la quema de banderas y las agresiones. Y son aún menos los que se atreven a llamar a los violentos por su nombre: terroristas.

Entonces me pregunto. ¿Si los argentinos no repudiamos la quema masiva de nuestra bandera, quién lo hará? ¿Qué nos espera a los demás ciudadanos, cuando el estado no defiende a los atletas que lo representan? ¿Acaso debemos perder la esperanza frente al terrorismo y sus socios?

Desde ya manifiesto mi repudio total contra los violentos, las amenazas y sus socios. Nunca más terrorismo en Argentina y el mundo.

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