Educación: una propuesta de shock para la argentina

Existe un consenso de izquierda a derecha que la educación se encuentra en crisis. En particular, en el nivel secundario, el nivel de graduados es un porcentaje exiguo en comparación a otros países de la región. Además de ésto, existe un consenso en que la calidad de los docentes ha mermado y que las familias o los padres, si bien reconocen que la calidad de la educación bajó, no parecen estar dispuestos a hacer mucho por un cambio. De hecho se da el paradójico resultado en encuestas que todos coinciden que la educación es peor pero están satisfechos con la educación de sus hijos.

Este es el punto de partida en el cual nos encontramos. La realidad es que no hay propuestas para dar una solución a ésto que parece un problema irresoluble principalmente porque existe un nivel alto de corrupción de los mismos agentes que participan en el sistema. Con corrupción de los agentes no estoy hablando en realidad de actitud corruptas sino de comportamientos que no tienen que ver con velar con el interés propio de acuerdo a lo que uno entendería en el sistema educativo. Por ejemplo, el interés del padre debería ser que el hijo aprenda, sin embargo ésto se ha convertido en que el hijo apruebe. El interés del docente debería ser poder educar mejor, impartir su materia e interesar a sus estudiantes logrando un nivel más alto de conocimientos de estos, sin embargo termina teniendo que ceder a las presiones de padres y directivos.

Las propuestas de lo que es hoy el sistema político tienen que ver con:

  • Darle más dinero al sistema (edilicio, en sueldos, subsidios a los estudiantes, notebooks).
  • Mejorar la formación docente (lo que a priori no se ve como ataca los incentivos distorsionados de los agentes).

No hay mucho más. Fuera del sistema están por ejemplo quienes quieren menos Estado que pueden ser liberales y libertarios con quienes coincido en muchísimas cosas pero que tampoco pueden hacer nada contra el problema de la corrupción de intereses e incentivos de los agentes. Los liberales tienen una sola propuesta: el voucher. Ellos creen que con este instrumento en Argentina se puede revolucionar la educación sin privatizarla completamente. La idea es sencilla, se subsidia la demanda y los padres pueden elegir a que escuela mandar a sus hijos con más libertad. Si el docente no cumple las expectativas del padre, deja de financiarla y la escuela quiebra.

Creo que es bueno para reducir el gasto burocrático en educación y combatir el sindicalismo más rancio. Sin embargo es totalmente inocuo e incluso potencialmente perjudicial para el problema de los incentivos distorsionados que es la base de todo el problema de la educación argentina (sin tomar en cuenta la cuestión de la pobreza).

En forma conjetural, el sistema de vouchers con valores distorsionados ¿dónde impide que los padres “premien” a los docentes que regalen más calificaciones y no den conocimiento real? ¿Cuándo o en qué momento el mercado castigaría y mostraría las cartas? ¿Dónde se produciría la “quiebra” de los que dan mal servicio?.

Un libertario diría: bueno, mala suerte, que quienes tengan los valores distorsionados apoyen lo que quieran y lleven a sus hijos a una educación pésima. Aún más, el sistema de vouchers sería solo el camino a la privatización de la educación, hay que ir a privatizarla directamente. En última instancia, este tipo de opiniones de los libertarios o quienes tienen una posición más ideológica en el sentido de ser más “puros” en los principios liberales implican que no tienen concretamente una propuesta en educación. La propuesta en educación como los vouchers y que el mercado decida se sustenta más en las reformas que proponen por fuera de la educación que es que el sistema general de la sociedad, es decir, mercado laboral, legislación, y una vuelta a tener los incentivos relativos a una sociedad libre y de mercado. En una sociedad así, el sistema de vouchers funcionaría. De hecho hay países que lo aplican exitosamente.

¿Cuál es el problema de esto? El problema es que si alguien quiere elaborar o pensar una política pública liberal para la educación el planteo del ideòlogo liberal o minarquista es inviable y sin sentido. Hay que renunciar a una o varias generaciones de niños que no van a tener la posibilidad de tener una buena educación por dos razones: una es la decadencia del estatismo argentino y el desastre cultural que trajo sobre sus padres y la otra, y más grave para quienes ven el problema, el purismo de quienes priorizan ideales a personas por miedo en caer en algo parecido a lo que critican.

La propuesta para la educación

Mi propuesta concreta implica hacer algo que parece a priori poco liberal: recuperar el rol del Estado en su sentido más básico. El sistema de vouchers sería catastrófico porque con incentivos trastornados, más autonomía y poder a los padres implicaría una profundización del problema. La solución es recuperar el Estado en su sentido de “arbitro”. El Estado en tanto es quien valida los títulos determina que uno tiene un suficiente conocimiento para ser considerado graduado de un cierto nivel educativo. En tanto el populismo educativo se valió de la autonomía docente hay que recuperar un valor básico: se debe alcanzar un nivel educativo o de conocimientos dado para poder pasar de año o grado. Restablecer una regla clara y precisa que determine que si alguien no tiene ciertos conocimientos no pasa y no se gradua.

Esto en el contexto argentino es revolucionario. La única forma de salvar a los chicos que están en el sistema educativo es quitarle a los docentes la facultad de determinar quién pasa y no de año o grado. Para hacer esto, una propuesta sería determinar un examen anual, con tres o cuatro competencias y establecer un piso que debe tener todo estudiante de un cierto nivel para poder pasar al año siguiente. El examen sería tomado por otro docente de otro establecimiento, y sería equivalente para todo el país. Se evaluaría sin que sea necesariamente multiple choice y el modelo de examen debería variar integramente año a año para que se evite el “estudio para el examen”.

Creo que hoy, aún, existe en casi todos los padres un valor en mandar al hijo a la escuela y que pase de año. Es de las pocas cosas con valor simbólico que aún no se pierden. Esto es lo único que queda que se puede usar de “palanca” para lograr cambiar de cuajo la ecuación educativa. ¿Qué ventaja trae esta propuesta?.

La principal es lograr que los padres vuelvan a ser aliados en la educación de los docentes. El “enemigo” o dificultad a superar esta completamente fuera del alcance por medios que no sean estudiar, y de esa forma se vuelve a revalorizar el rol del docente en tanto educador.

La segunda ventaja es la plasticidad del sistema. Al tener datos centralizados, cruzar datos mientras se eliminan subsidios sería más sencillo. Por ejemplo, ver quién no va a la escuela o quién tiene rendimientos pauperrimos y los familiares reciben toda clase de ayudas sociales. Por otro lado, sería posible establecer dos examenes, uno a nivel de piso y otro de excelencia, para ser elegible para ingreso a ciertas universidades, becas, o otro tipo de premios. También podría posibilitar un buen resguardo para flexibilizar el sistema educativo. Menos regulación, más facilidad para la educación en casa, para la creación de nuevas instituciones educativas. Por último, aunque pueda ser polémico para algunos podría facilitar la posibilidad de adelantar o saltearse años “estudiando de más”. Esto no solo sería interesante para familias que pudieran pagar los profesores extra, sino también para familias donde necesitan que el hijo a los 16 salga a trabajar para ayudar en la casa. En lugar de dejarlo con estudios incompletos podría tener otra vía de “salida” más positiva.

Con un sistema como este, el sistema de voucher en Argentina si podría funcionar. Principalmente porque al corregirse los incentivos, las escuelas que mejor rendimiento puedan dar van a tener ventaja sobre las que menos. Habría una regla sobre la cual ordenarse. Es cierto que en cierta medida es algo “anti liberal” en tanto la intervención del Estado aumenta. Sin embargo, corregidos los incentivos sin el costo de generaciones subeducadas.

¿Qué impide irlo eliminando o bien pasando a un sistema con acreditaciones o exámenes de acreditación privada, por ejemplo patrocinados por empresas, universidades privadas, etc?.

El sistema suena ideal, imposible de aplicarlo, ¿no? Sin embargo en parte, ya existe hoy en Argentina. El Bachillerato Internacional que esta reglamentado por el Ministerio de Educación de la Nación en escuelas privadas tiene este principio: el docente no califica, no determina quien pasa de año sino que lo prepara para los exámenes del BI. Si alguien duda que esto pueda funcionar, basta ver como yo vi la diferencia en el compromiso y comportamiento de los estudiantes con un mismo docente cuando un grupo participa del BI y el otro depende para ser aprobado del mismo docente que imparte clases.

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