El FODA de la política: las mediciones por sobre las convicciones

La sigla FODA significa en marketing un análisis  sobre las fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas de un negocio determinado, de un proyecto comercial o un emprendimiento;  es un mecanismo para interpretar al mercado en el que el negocio opera o dónde va a operar.

La política electoral tiene desde tiempos muy remotos la  persuasión cómo herramienta principal en la búsqueda de voluntades. Ya a mediados del siglo xx el Fascismo utilizó los medios como forma de persuasión de la opinión pública. Mussolini (líder del fascismo) era famoso por sus apariciones en las revistas mostrándose cómo uno más, cómo un trabajador de la cosecha o cómo un ser sencillo, generando simpatía, empatía con la ciudadanía. Mussolini buscaba identificarse con las masas. Para esa época el nazismo poseía un ministerio de propaganda con el que pergeñaba sus estrategias de convencimiento; la cultura, el cine y la propaganda respondían en la Alemania nazi a una estrategia que buscaba limar el pensamiento crítico y generar más adeptos dentro de la sociedad germana.

También para esa época del otro lado del atlántico la Mass communication research investigaba cuál era el mecanismo que mejor convencía al ciudadano  a través de un histórico trabajo que se llamó “el pueblo elige” que analizó la campaña  en la que Roosevelt buscaba en 1940 su tercer mandato, el único en la historia estadounidense.

Todo esto formó parte del advenimiento de la comunicación de Masas. Algo que con la radio primero y la televisión después se estableció para dar inicio a una  cada vez más creciente dependencia de la policía al marketing y a las estrategias comunicacionales. 

La experiencia Argentina

En la Argentina Juan Domingo Perón recogió el guante de aquellas experiencias y utilizó la radio, la cultura  y los medios disponibles para convencer a la población de cada una de sus acciones de gobierno. Pero Mussolini, Perón o Roosevelt tenían una idea detrás de aquellos métodos de persuasión, un camino marcado por las  convicciones que equivocadas o no, nunca  estaban sometidas a la estrategia de comunicación. 

En 1983, muchos años más adelante y con el retorno de la democracia suspendida por varios años, la vida interna de los partidos políticos fue la estrella en aquellos momentos claves para la vida política Argentina. El rol de los partidos políticos fue vital, pero de todos modos la comunicación de masas de aquel entonces definió la elección cuando el líder político del PJ de avellaneda Herminio Iglesias quemó el cajón con la bandera radical mostrando una imagen que recorrió el país e instaló el peligro de la vuelta al horror. La imagen fue muy fuerte y  una elección que no estaba definida  tomó una dirección irreversible. Si Herminio hubiera realizado el FODA habría entendido que la debilidad del PJ era el vínculo cercano con la violencia. El FODA hubiera ayudado al candidato pero la sociedad no hubiese sabido que Herminio no había entendido el momento histórico. En cambio Alfonsín se mostraba cómo alguien que transmitía seguridad, liderazgo y paternidad detrás de sus vigorosos bigotes que lo instalaban cómo alguien maduro que iba a hacer respetar la ley y el estado de derecho. Había un partido centenario detrás pero también sus discursos y sus tonos fueron un complemento perfecto de aquella victoria épica.

Hoy en el 2015, 32 años después, los candidatos están cada vez menos expuestos, piensan y elaboran un plan apoyados en una gran cantidad de asesores; los grupos de campaña con las encuestas en la mano miden permanentemente el impacto de alguna declaración, de algún suceso y preparan la campaña a través de permanentes y planificadas apariciones mediáticas que reemplazan las ideas y las propuestas de antaño.

Los partidos políticos fueron reemplazados por un estudio televisivo o una red social, los mensajes efímeros, prácticos y con poco contenido funcionan cómo disparadores que marcan  la agenda de una campaña. Los temas comienzan por twitter y terminan en el lugar menos pensado.

Los candidatos no son los culpables de ésta falta de discernimiento  por parte de la ciudadanía acerca de si algo es o no maquillaje político, es un tema mucho más profundo (la educación). El candidato anhela el poder y en el FODA de la política encontró un método del que no se puede separar si quiere seguir en la carrera. El marketing político actúa cómo una institucionalización del engaño, la semiótica (la ciencia que estudia los signos) está por encima de cualquier convicción,  nadie  dice lo que piensa sin antes saber cuál es el nivel de aprobación. 

El marketing político no ayuda a mostrar al candidato tal cuál es, es claro que el que muestra todas las cartas pierde, ellos dan un examen con las preguntas sabidas de antemano. Quizás sea el momento de dejar las mediciones y liberar las convicciones.  La política no es una mercancía.

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