El temprano camino a las elecciones legislativas de octubre

La historia se repite, una vez como tragedia y otra vez como farsa, como dijera Marx en una de sus obras; y actualmente parece que nos encontramos de nuevo, ante una etapa ya vivida, algunos actores cambian, hay renovación en el elenco pero la mecánica, las herramientas y las formas siguen siendo las mismas a la hora de  aplicar políticas públicas con un marcado sentido anti estatista – hay que reducir el Estado, aunque no lo digan de esa manera.

Por otro lado, resurge un discurso contrario a la política, la cual se  proyecta como un valor negativo sostenido en la confrontación, que mina capacidades y posibilidades de la Sociedad como del Estado, frente a una construcción casi utópica de unidad y confluencia sin diferencias, resumida en el rezo popular “tiremos todos para el mismo lado”

El discurso neo liberal, resurgido en Argentina de la mano de Cambiemos, pretende aplicar medidas de gobierno, rememorando aquellos tempranos noventas, sostenidas en la creencia del derrame, la apertura del mercado, el achicamiento del Estado y el individualismo pleno como garantía de felicidad.

Pero a diferencia de los noventa, el contexto para avanzar en una agenda de este tipo presenta hoy ciertas dificultades, mas allá de las intenciones y capacidades del Gobierno y sus aliados (políticos, empresariales y mediáticos).

Entre éstas podemos mencionar algunas que, a un año de gestión, han actuado como limitante para el oficialismo.

El Congreso y un “novedoso” Rol

En primer término el Congreso ha actuado como  contrapeso, imponiendo agenda propia (ley anti despidos), frenando proyectos oficiales (ley de voto electrónico) u obligando a renegociar los terminos de las iniciativas oficiales, el ejemplo de la reforma de Ganancias se convirtió en el hito para analizar en lo que hace a las articulaciones y juegos de poder, capacidades y actores intervinientes. Mención especial merece el papel desempeñado por los Gobernadores que fueron una pieza clave para destrabar una situación que se visualizaba, tras la media sanción de Diputados, como una derrota total para  el oficialismo, quien debió utilizar muchos de sus recursos – algunos no tan diplomáticos ni bondadosos – para lograr una victoria pírrica.

Restará ver cómo se moverán estos factores de poder en un año electoral que promete ser determinante para el futuro de la coalición de gobierno, donde los intereses, posicionamientos y necesidades de figuras de la oposición y los gobernadores determinarán la suerte de muchos de los proyectos que el oficialismo intente traccionar.

En perspectiva, hasta ahora los resultados fueron equilibrados y con ganancias globales para el Macrismo, pero en año electoral los buenos tratos y acuerdos suelen ceder al sanguinario pragmatismo político y a las aspiraciones personales.

Participación y Movilización

En segundo término la creciente participación política registrada tras la crisis del 2001, y que el Kirchnerismo supo promover, con políticas como también desde el discurso, pusieron en debate el rol de la Política, el Estado, las empresas y los poderes fácticos; esta situación difícilmente pueda ser quitada a la Sociedad Civil, lo cual configura una limitante para imponer, sin confrontación, desde arriba un discurso y políticas como las que sostiene el oficialismo.

En este sentido la movilización de Investigadores y Docentes del CONICET – que tras días de protesta lograron revertir las políticas de ajuste, dejaron al descubierto al Gobierno, ubicándolo en una posición difícil y de retracción ante reclamos legítimos que pareciese no preveía, mostrando además su incapacidad para imponerse ante fuerzas vivas que no responden a un liderazgo político orgánico tradicional

Octubre: las elecciones de medio término y la macroeconomía

Es casi imposible no pensar que la velocidad y profundización de ciertas políticas estará condicionada por el contexto de las elecciones de medio término que serán, tanto para el Gobierno Nacional como para una decena de Gobernadores el plebiscito de su gestión y en el caso nacional, tal vez la clave para conocer con mayor certeza las proyecciones políticas de un futuro segundo mandato.

Para que los resultados acompañen es indispensable que la economía crezca, que la inflación actual, del 40% interanual, se reduzca y que el empleo comience a repuntar; una tríada desafiante que requiere de políticas que, al menos en la foto de hoy parecen incompatibles y pueden ir reduciendo el oxígeno para llegar a octubre con buenos niveles en la intención de voto.

La batalla por la inflación sigue en pie y con las medidas anunciadas recientemente es poco alentador el panorama, el aumento de combustible ya efectuado (del 8%) y una nueva “readecuación” de tarifas impactará directamente en la estructura de precios; ahora bien si la alternativa será un freno en el consumo, habrá que esperar una baja en las estimaciones del los votantes para con el gobierno, porque menos ingresos en los bolsillos en un año electoral pocas veces auguran buenos resultados. Para no irnos lejos, en 2016 el intento de frenar el aumento de precios fue por esa vía y los resultados están a la vista.

Ahora bien, si también hay intención de aumentar el nivel de actividad, donde la  obra pública parece asomar como la “gran promesa”,  y con ello el empleo, esto traerá una inyección de ingresos al mercado, que en el corto plazo impulsará el alza de precios y dificultará la meta antiinflacionaria.

A este laberinto aún hay que ante la apertura de la economía, posiblemente el empleo (fundamentalmente de PyMES) se verá afectado negativamente por las importaciones,  generando más desempleo o empleo no registrado, lo cual no caerá bien en los votantes a la hora de sufragar por el oficialismo.

Esta encerrona, a la cual no debe de olvidarse sumar el déficit fiscal – hoy tapado con deuda –y la constante desfinanciación del Estado a través de la quita de impuestos, por ejemplo a las Mineras o al Agro, será la que deba resolver Macri si pretende llegar con cierta potencia electoral al Octubre próximo, fecha clave para el Oficialismo como para el sistema político todo dado que el Peronismo, el otro gran actor, intentará redefinir sus estrategias, posicionamientos y liderazgos en los meses previos a las elecciones, y podrá, tal vez ungir un nuevo –o no– mariscal para las futuras batallas, tras un año de transición y con varios aspirantes a (re) tomar las riendas.

Los desafíos son complejos, hasta ahora el gobierno ha mostrado decisiones que responden a los intereses, valores y sectores a quienes representa y busca beneficiar; su extracción clasista no lo asocia a las clases populares -más allá del marketing político que apliquen- pero a las cuales deberá acudir necesariamente si quiere seguir en juego, al menos hasta fin del mandato.

Para ello deberá articular políticas que les den respuestas y les contengan, ahora ya sin herencia recibida ni historia pasada, porque  lo que se juega es el plebiscito de la gestión y por ende los resultado de la misma, ergo al momento de publicitar y vender los aciertos de poco valdrá la herencia.

Los margenes para continuar insistiendo en la Herencia se achican, mas allá de los arietes mediáticos, el oficialismo deberá obtener resultado y mostrar sus gestiones o continuar en la diatriba contra el kirchnerismo y el peronismo que seguirán avanzando en la construcción de candidatos que puedan disputar el poder en 2019, adicionando nuevas dificultades a las ya creadas por las incapacidades y falta de expertise del mismo Gobierno.

Como dijera Alan Rouquié en una entrevista días pasados “… el peronismo se reunificará y hallará un líder, como siempre lo hizo, creando un serio problema para Macri…” Que, sin lugar a dudas condicionará las posibilidades de traccionar e imponer su ansiada agenda.

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