Enrique Avogadro es el nuevo ministro de Cultura de la Ciudad

Enrique Avogadro se enteró que iba a ser ministro de Cultura de la Ciudad. No lo niega, no lo oculta, simplemente lo dice: “me enteré esta mañana”. En la Sede de Gobierno de Parque Patricios, dialoga con la prensa, responde inquietudes y perfila un poco el color que tendrá su gestión. Dice que “la cultura es una brújula que te permite auscultar los cambios que se están dando en la sociedad ahora mismo, no en el futuro”; o que “Buenos Aires es el gran motor cultural que tiene la Argentina”. Ni diez horas pasaron de que Horacio Rodríguez Larreta lo llamó para decirle que iba a ser el nuevo ministro. “No es que estaba preparándome el saco pero me mantuve muy activo en términos de reflexión. Si vas a mi Facebook, cada dos días escribo algo que tiene que ver con alguna problemática cultural. Me gusta ver experiencias de afuera, no por copiarlas sino porque me estimula a pensar. Sí, todavía estoy un poco en shock”. ¿Quién es, cuál es su trayectoria, de dónde viene?

Enrique Avogadro estudió en el Newman —colegio por donde pasó, no solo Mauricio Macri, también gran parte de la gente cercana al presidente y al gobierno: Alfonso Prat-Gay, Jorge Triaca, Emilio Basavilbaso y José Torello— de San Isidro: privado, laico, de varones, bilingüe, jornada completa. De allí pasó a la Universidad Torcuato Di Tella donde se graduó de Licenciado en Estudios Internacionales; a la Universidad de San Andrés (magíster en Administración y Políticas Públicas) y la Universidad Austral (magíster en Gestión de Contenidos). Su ingreso a la gestión pública fue en 1998, cuando tenía 22 años, como analista en la Subsecretaría de Comercio Exterior de la Nación, cuando el jefe de Gobierno era Aníbal Ibarra. Diez años después, logró el cargo de Director General de Comercio Exterior (en 2009 el área pasó a llamarse Industrias Creativas y Comercio Exterior) que ejerció hasta diciembre de 2013 —por aquel entonces dirigió también el Centro Metropolitano de Diseño— para luego, sí, en enero de 2014, ser el número 2 del Ministerio de Cultura de la Nación, la cartera de Pablo Avelluto: Subsecretario de Economía Creativa, puesto que terminó dejando por diferencias con el ministro.

Enrique Avogadro se paró en el medio de una hilera de funcionarios en la vereda de la Sede de Gobierno rodeada de cámaras. El primero en hablar fue el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, quien dio el anuncio del cambio de ministro en Cultura de la Ciudad. Dijo que junto a Avogadro lo une una amistad de años y que esta designación “es un orgullo” y le cedió el micrófono al ministro saliente, Ángel Mahler, no sin antes comentar que su retiro es porque “le picó el bichito de dedicarle tiempo a su tarea artística, esa que tan bien nos hace a todos” y que “ha hecho un gran trabajo, Enrique lo va a continuar”.  Mahler se limitó a decir que recientemente estuvo “reflexionando sobre el tiempo”. “Sentí que tenía muchísimas cosas para dar pero arriba del escenario. Sentí la necesidad de volver al teatro y a la música”, agregó. Junto a él, el vicejefe Diego Santilli, Pablo Avelluto, Jorge Telerman y “el Conejo” Gómez, entre otros.

Frente al público, el nuevo ministro dejó en claro que “innovación y creatividad serán los ejes de las políticas culturales. El desafío es pensar a la cultura como factor de desarrollo. Creemos profundamente en la inteligencia colectiva; la idea de equipo está en ponerse por encima de las individualidades”. Ahora, frente a preguntas más específicas, responde relajado y no deja pasar ninguna. De temple calmo y cadencia regular que maquillan su verborragia, Enrique Avogadro tiene eso que el PRO se preocupó en construir desde años y es una imagen desacartonada. Peinado moderno, barba prolija y entrecana, anteojos, camisa azul, pantalón beige y unas zapatillas de muchos colores dejan una buena impresión. Sobre todo para alguien que se encarga de la cultura. Sobre todo para una ciudad donde todo el tiempo se están produciendo actividades culturales exóticas, insólitas, populares y de vanguardia.

“No es una cuestión de cambio de ministro, porque no creo en las individualidades. Hablo de equipos como hablé siempre, no es para tirarle flores al equipo actual. Mi rol es ser un primus inter pares (en latín significa: el primero entre iguales) tomando lo mejor de cada uno”, dice en el hall del edificio y agrega: “Si vos ves los debates hoy sobre el rol de la cultura en Estados Unidos y en Europa, están en relación con la agenda de migración, en relación con la agenda de desigualdad. Tiene que haber una mirada sobre el ecosistema cultural. Muchas veces tiende a mirarse a la política cultural en función de compartimentos estancos. El concepto de ecosistema, que es traído de la ecología, es entender que todo se relaciona entre sí. Si vos necesitás público tenés que formarlo, para formar ese público tiene que haber circulación, para que haya circulación tiene que haber producción. Es todo una gran cadena de valor complejizado con esta idea de tecnología y con esta idea de que todos, además de ser consumidores, somos productores de cultura. Ese es el tipo de debate que a mí me interesa sumar en esta agenda”.

Sentado de la misma forma en que comenzó a hablar, Enrique Avogadro no se inmuta si la conversación gira hacia la política más filosófica. Sobre Cambiemos y la forma de identificarlo, dice que “la categoría neoliberal es una categoría vieja, muy del siglo XX, y no es que no define a este gobierno, no sirve para explicar los fenómenos políticos que se dan en el siglo XXI. Este es un gobierno que le ha puesto mucho énfasis a la cultura independiente en distintos frentes. Por supuesto que con un montón de problemas, agendas pendientes, pero no es un gobierno que ha mirado para el costado. Es importante reconocer el rol que tiene la cultura independiente. Como falencia, sí, es una deuda pendiente. A mí me alegra, me estimula, me emociona, que esté claramente ese mandato, porque es una escena que alimenta constantemente a la oferta pública. Si vos ves un mapa de la ciudad con la oferta cultural pública vas a tener zonas donde hay menos, pero si le agregás la oferta cultural independiente el mapa es totalmente distinto”.

El Ministerio de Cultura de la Ciudad viene siendo un lugar convulsionado. La designación de Mahler no solo generó polémica porque su experiencia en la gestión pública era nula, sino también porque venía a reemplazar a Darío Lopérfido, quien renunció tras recibir una serie de escraches por parte de organizaciones de Derechos Humanos, luego de sus polémicos dichos en torno a la cantidad de desaparecidos durante la última dictadura militar. “Enrique descree de la grieta y, más allá de los slogans, busca unir a aquellas personas y proyectos que cree que son interesantes —dice el periodista y escritor Tomás Balmaceda, alguien que conoce de cerca el mundo de la innovación y la tecnología—. No cree que la cultura sea hacer recitales o poner baldosas decorativas, sino que participa activamente de iniciativas tanto digitales como más tradicionales, como el teatro. En un escenario en donde aparecen cada vez más familiares y acomodados, la elección de Enrique como cabeza de cultura de una ciudad como Buenos Aires me llena de expectativa y esperanza”.

El otro gran anuncio de la tarde fue la creación de un Consejo para la Cultura que estará a cargo del actual director del Complejo Teatral Buenos Aires Jorge Telerman. La idea es —así dijo Telerman— “fortalecer eso que en algunos lugares se comienza a llamar ‘la tercera cultura’, eso es los cruces entre las artes, la ciencia, la tecnología, el diseño, con políticas públicas”. Por su parte, Enrique Avogadro comenta: “Se va a poner en marcha en el mes de marzo. Queremos darnos el tiempo suficiente para pensarla bien. Hay distintas experiencias comparadas en otros países en esa materia. El objetivo del Consejo es tener un espacio de reflexión de más largo plazo de políticas culturales. Que sea un espacio de participación mixta, público y privado. La idea es que sea una buena representación de la cultura”. Sobre esto, Avogadro comenta: “El Consejo es una herramienta innovadora. Son pocas ciudades en el mundo las que la tienen. Vamos a ser pioneros en la región porque es algo que vengo estudiando, que venimos estudiando hace mucho tiempo. Se inscribe en la idea de inteligencia colectiva, porque es un rompecabezas y si cada uno piensa la pieza por separado nunca va a ver la película completa. Nosotros somos parte de un espacio y de un gobierno que plantea el diálogo como herramienta central, y la idea es que esto llegue también a la cultura. No me interesan las coincidencias sino las disidencias porque es ahí donde se va a enriquecer el debate”.

“Siento que en políticas culturales hay muchos programas que son de frontera. ¿Qué quiere decir? Que están explorando nuevos estímulos a la cultura y sobre todo esa experimentación tiene que apoyarse desde diferentes frentes porque muchas cosas se van aprendiendo sobre la marcha, porque los programas no son perfectos y en las distintas etapas se van mejorando. Por otro lado, el puente federal entre la ciudad de Buenos Aires y otras ciudades del interior es muy interesante para explorar. Toda la cultura contemporánea tiene en Buenos Aires un canal para expresarse que, a mi juicio, todavía no se ha aprovechado del todo. Acá llega poco y llega distorsionado”, concluye.

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