Estado de Situación actual en la Península de Corea

La inestabilidad crece alcanzando nuevos techos en la Península de Corea, bajo un manto de realidades totalmente distintas, separadas por el histórico paralelo 38.

A tan sólo 193km al norte de Seúl (específicamente en Pyongyang) se encuentra un líder mesiánico, vestigio de la guerra fría, que orgullosamente maneja el destino de una sociedad carente de cualquier tipo de poder. Sin lugar a dudas, Corea de Norte se encuentra sometida ante un personaje de linaje belicoso que pretende alterar el ritmo de las relaciones internacionales (y el equilibrio mundial) con sus reiteradas pruebas nucleares y amenazas a sus países vecinos y Estados Unidos.

Si bien el conflicto no es nuevo, la escalada de tensión ha logrado alcanzar nuevos límites que antes no habían sido explorados, principalmente respaldados por la capacidad balística que desarrollaron sus misiles de alcance intercontinental.

Estos sucesos han derivado en peligrosas acciones militares. En primera instancia, el lanzamiento por parte de Corea del Norte de un misil intercontinental sobre aguas niponas, específicamente sobre la región de Tohoku, terminando su trayectoria en las costas de Hokkaido. A modo de respuesta, la cúpula militar de Estados Unidos y Corea del Sur decidieron lanzar ocho bombas en la frontera del norte, a modo de advertencia, así como también solicitaron (junto al gobierno japonés) una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Factores de riesgo

Entendemos que tratar con Corea del Norte nunca fue una tarea sencilla, debido a los actores que intervienen en el cúmulo de intereses que rodea la península. Sin lugar a dudas, la protección de China ha sido vital para que los enemigos declarados de Corea del Norte no intervinieran con anterioridad. Sin embargo, este apoyo se ha deteriorado en los últimos meses. ¿Cuál ha sido el motivo que ha impulsado este sutil cambio en las relaciones bilaterales de China y Norcorea? Principalmente, la necesidad de China que Corea sea desnuclearizada, a fin de mantener la paz y la estabilidad en el noreste de Asia (palabras del portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de la República Popular de China).

El aumento de las pruebas nucleares y el lanzamiento de misiles por orden de Kim Jong-un ha obligado a que la firmeza del reclamo se materialice en acciones diplomáticas poco amistosas. China es el único aliado importante de Corea del Norte, mantener dicha relación tiene un costo internacional que aumenta con cada paso que Corea dirige hacia la carrera nuclear y las reiteradas amenazas a sus enemigos. Por otra parte, Corea del Norte representa para China una zona de amortiguación que lo separa de las fuerzas norteamericanas asentadas en Corea del Sur, así como también una fuente importante de carbón que potencia su industria nacional (que hoy se encuentran embargadas como retaliación). En contraprestación, Pekín proporciona el 90% del combustible que consume Corea del Norte y mantiene una fluida línea de comercio exterior.

Por su parte, la administración Trump pretende realizar una jugada más arriesgada y empujar a China a que tome una decisión más comprometida contra su aliado. Rex Tillerson, secretario de Estado de los Estados Unidos, ha declarado en su gira por Asia que la paciencia ha terminado y que todas las opciones están sobre la mesa. Este mecanismo de presión es sabido que aumentará la belicosidad de Corea del Norte, colocando a China en una incómoda situación de la cual deberá desligarse en los próximos días si no quiere pagar un costo aún mayor con sus aliados más críticos.

Japón por otra parte es también uno de los principales afectados. En tan sólo un mes, el régimen norcoreano realizó cinco lanzamientos de cohetes de alcance intermedio hacia el mar de Japón, de los cuales tres alcanzaron peligrosamente la costa japonesa, provocando que en la mañana del día de hoy se realizaran simulacros en el norte de Japón, evacuando ciudades en caso de un ataque norcoreano.

Contención

El punto de inflexión donde los intereses de las grandes potencias se ven afectados se encuentra en la política de defensa y contención que plantea Estados Unidos. Hábilmente, la administración de Trump decidió desplegar en Seúl el escudo antimisiles conocido por sus siglas “THAAD”. Esta herramienta disuasiva no traerá más que problemas de balance estratégico nuclear en la región, provocando una reacción negativa por parte de Rusia y China, quienes ven desequilibrada su capacidad nuclear, por ende, temen que se desarmonice el cada vez más débil equilibrio nuclear que cierne sobre las potencias mundiales.

Futuro de la Península de Corea

Está claro que Estados Unidos ha planteado un giro en cuanto al tratamiento de los asuntos exteriores en Corea. Si bien Trump había anunciado en su campaña una retirada de tropas de Corea del Sur, entendiendo que el costo de mantener su posición era demasiado alto, el cambio de estrategia responde a dos factores fundamentales. En primer lugar, la necesidad de torcer el brazo de China aprovechando la oportunidad que le otorga Pyongyang al aumentar su amenaza regional. En segundo lugar, se abre un nuevo marco internacional para justificar el emplazamiento de un segundo escudo antimisiles, concretando el deseo de posicionarse como la potencia nuclear más importante del mundo (tomando declaraciones textuales de Donald Trump de los últimos días).

Entendiendo los actores involucrados en esta contienda, es probable que China y Rusia formen un grupo de presión lo suficientemente fuerte como para desalentar los deseos bélicos de Kim Jong-un, y de esta manera, detener el fantasma del “ataque preventivo” que ronda por la cabeza de altos funcionarios norteamericanos. Por otra parte, Corea del Sur puede ser una pieza clave si Moon Jae-in profundiza la política acercamiento hacia Pyongyang, en lugar de la polarización que se alienta históricamente.

Por último, sabemos que Estados Unidos no podrá resolver esta situación cooperando con China, ya que ha elegido disuadir por medio de la demostración de fuerza, un camino que demostró estar más cercano al desenlace bélico que al acercamiento de las partes. Las sanciones internacionales en respuesta las pruebas nucleares y de lanzamientos de misiles tampoco han sido efectivas, por el contrario, sólo han recrudecido el accionar norcoreano.

En vista de estos hechos, sólo resta saber si China y Rusia tienen algún as bajo la manga para evitar el futuro desequilibrio en la región que puede desatar una nueva intervención militar norteamericana en la península coreana.

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Guillermo Galea
Licenciado en Relaciones Internacionales, especialista en política internacional y análisis político. Especialista en política exterior de Rusia y Argentina. Escribió "Evolución de las relaciones exteriores entre Argentina y Rusia" en 2012, con posterior actualización en 2015. La obra fue presentada ante la biblioteca del ISEN y la Embajada Rusa en Argentina a finales de 2015. Desde 2013 hasta 2016 fue director del Observatorio de Rusia, departamento en cual anteriormente se destacó como investigador, para el Centro Argentino de Estudios Internacionales (CAEI). Actualmente, continúa su labor como analista mediante sus escritos en el Centro de Estudios de Politica y Relaciones Internacionales Federatsya" (https://www.facebook.com/Federatsia/)