Hugo Chávez no se murió, la ficción para su inmortalidad

Hace un día que llegamos a Venezuela y este viaje no para de traer sorpresas. No son sorpresas de tipo suceso nuevo (la decisión de embalsamar es algo que vengo sosteniendo que fue hecho hace rato y que ahora se decidió blanquearlo), tampoco me sorprende la fuga de Cristina de un evento que sin dudas le iba a hacer perder más votos y recrudecer la oposición social local. Todo eso es de manual.

Lo interesante acá es lo que pasó con Hugo Chávez. El fenómeno social que observo es bipartito. Para los desapasionados para quien Chávez era “un presidente” (sin entrar a detallar matices), la muerte de Chávez representa la muerte de un Dios, como si se extinguiera un sol. La preocupación no está en el fenómeno en si, si no que orbita sobre el tema “cómo sigue esto?”. Con inflación galopante, militares politizados, las cuentas públicas en crisis, una situación geopolítica muy delicada, inseguridad altísima, desabastecimientos, crisis energética y otros, hay ansiedad en saber cómo podrá resolverse este tema. Pero ya ampliaré acerca de las penurias cotidianas en otros posteos. Hablemos de los chavistas.

Chávez no se murió, ascendió. No es casual que hayan estado 3 meses para anunciar la muerte, no es casual que hayan ido formulando un discurso “de Chávez” y “para Chávez” sin Chávez. Desde diciembre del 2012, se empezó a construir la ascensión del caudillo tropical al panteón de los dioses paganos. Ayer mismo Diosdao Cabello planteaba que el chavismo debía ya ser considerado una ideología, una doctrina, un movimiento y algunos lo llaman una religión.

El mito de Chávez, su uso discursivo, lo requiere vivo. Resurrecto. La épica que se viene construyendo como continuador de la obra de Bolívar, “que hace 200 años el pueblo bolivariano vino esperando al líder (mesías) que por fin llegó” hace que todo esto cale en la mente de las personas de una forma muy difícil de entender inclusive para otros latinos.

El peronismo comparado con esto es el club de fans de los Backstreet Boys. Allá en Argentina por lo menos tienen la dignidad de que el mito peronista es alevosamente transaccional y la gente lo usa para mejorar su condición social o tejer estructuras de poder. Acá hay gente que cree. Acá hay fe. Hay fe en el mesianismo chavista, en la épica construida. En la figura de Chávez como autoridad moral, en sus dichos como canon. El Gobierno Venezolano ha perfeccionado el uso de slogans y medios de adoctrinamiento para que mucha gente  adopte conceptos con ligero procesamiento. Maduro es hoy el nuevo Chávez, no se discute, no hay dudas.  “Chávez, te lo juro, mi voto es por Maduro”.

Lo interesante es cuando uno habla y trata de convencerlos de que el chavismo no es lo que piensan que es (algo de experiencia tengo argumentando de esta forma dado que vengo de una formación evangélica pastoral y como reformista muchas veces me peleaba con los ortodoxos literales). Su construcción mental muta para incorporar las nuevas premisas contradictorias y readapta todo el esquema para que no haya contradicción. Llegado el caso idílico en el que este proceso mental no se logre, la información es “falsa” o inverosímil.

Así, el chavismo no se trata de lo que es, se trata de creencias. Y como religión en auge, sólo la crisis económica venidera podrá rasgar el velo del oscurantismo caribeño que se cierne sobre un país en el que la oposición no ha estado a la altura del Gran Fabricante de Mentiras, don Hugo Chávez Frias.

Hugo Chávez no se murió, la ficción para su inmortalidad
100% de 1 voto

Comentarios

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here