La cultura popular y la integridad del ser humano argentino

Tal vez la política es a veces llamada como cultura, y la cultura es a veces llamada como «la realidad». ¿Pueden las victimizaciones pedir cambios a la realidad?, ¿O pueden exigir cambios a la cultura y más específicamente al lenguaje?. Tal vez, sea cierto en filosofía, que del no-ser no pueda provenir el ser. Tal vez sea cierto en teología que el Creador podría crear «de la nada». En todo caso, tal vez, son las relaciones las que definirían la verdad entre realidad y cultura. Por ejemplo, si yo agarro algo de un negocio sin pagar y me lo empiezo a llevar afuera del local, y nadie me dice nada «Tal vez, no sería robar», si en cambio me piden que pague y aun así me voy corriendo eso sí sería robar. Tal vez el tema de que es ético y que no tenga mucho que ver con la comunicación. Tal vez la comunicación tiene más de cultura que de política; y la ética más de realidad que de cultura… Tal vez si no fuese así el sentido de la institución republicana, ya no sería la libertad, igualdad y fraternidad; sino que se prestaría para el problema político de «la incomunicación» y la falta de ética.

Las «ausencias democráticas» desde este enfoque, se atribuirían al desconocimiento de un ciudadano para con otro. Cuando los ciudadanos no «sentimos» coincidir con la cultura en la que estamos insertos, tal vez tenemos una tarea responsable que ejercer, la de manifestarnos libremente respecto a lo que creemos. Yo opino que repetir lo que es algo democrático e institucional como «de memoria» es muy positivo, porque me da «autoridad» para analizar el estado de la convivencia con mis vecinos. Si mis vecinos, no opinan que la República es libertad, igualdad y fraternidad, y que la República ejerce un poder injusto y opresivo sobre si, tendrían que fundamentarlo en el derecho, que les confiere la potestad de ser beneficiarios de los derechos humanos, como el de la libertad de expresión y de participación democrática en la vida del Estado.

Si en cambio fuese del plano de la realidad, la insuficiencia en la hacienda nacional, para hacer frente al proyecto de país, no sólo el político, sino principalmente el institucional (en todos sus planos y niveles), tal vez no sería tarea de la política, condenar actos de gobierno; sino tarea de la cultura buscar, encontrar y expresar los medios idóneos, efectivos, factibles y de concreta e inmediata aplicación, informarlos públicamente para que todo aquel que está privado por sus condiciones personales de gozar de su libertad plena en el estado de derecho, pueda ser auténticamente libre y solidario por el «conocimiento» de las cosas que prosperan.

Tal vez del ideal (cultura) a la realidad siempre hay una distancia, tal vez la pobreza «esencialmente hablando», radica en esta distancia, tal vez es la primera pobreza a lograr saltar, porque tal vez sin cultura, también nos quedamos sin «realidad».

Tal vez si la cultura pasa a ser «defensiva» ante la inminente disgregación que podría provocar la falta de recursos económicos o por su relación con «alta-cultura que no se comprende», la mejor manera de sostenerse en las realidades «posibles», fuese el encontrar los límites que al ciudadano lo identifican con su pertenencia nacional. Por ejemplo, los «temas»: incidencia del abuso discriminatorio ante el color de piel, religión, y dialecto (en nuestro país hay varios), o los hechos que simbolizan nuestro carácter (las recuperaciones en las crisis económicas y políticas), el «sentido del humor», lo que fue y un poco todavía esta «la solidaridad entre argentinos». Tal vez haya que estudiar mejor los dialectos, que si bien no dejan de emplear el «español» -en su inmensa mayoría-, sí los significantes son distintos.

Tal vez, si es político y no de la cultura, el «interpretar y traducir» el lugar que ocupan en la «socio-comunidad» los distintos sujetos y sub-grupos, para que si bien, no se les impida tener sus propios «límites característicos y conformativos», si pueda proveerse a su necesidad de no dejar de confluir en las «normas» del orden público, y sobre todo evitar lo más posible los choques de comunicación e interacción, en el uso de los servicios públicos, desde la «plaza» hasta las «redes sociales».

Tal vez la defensa de la cultura y sub-cultura, no puede tener otra finalidad, que «multiplicar» las opciones políticas, que den lugar a la expresión de soluciones al problema de «ser-una-socio-comunidad» en una sola República cuyos valores fraternidad-libertad-igualdad den color a la civilización y a nuestra tierra, y se «salte la distancia entre realidad y cultura» que podría llegar a poner en riesgo la «tolerancia, consenso democrático, y consensos científicos».

Expreso socio-comunidad, con el significado de Pueblo ordenado por sus leyes, en el marco de la permanencia en el espacio-lenguaje-tiempo histórico

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