La reforma política, la gran apuesta de Vidal en Buenos Aires

Al iniciar su mandato como gobernadora, María Eugenia Vidal se encontrará con una Legislatura adversa, con el Frente para la Victoria como primera minoría. Dado este panorama, los futuros integrantes del bloque oficialista, buscando que sean aprobados diversos proyectos de ley, tendrán que congeniar los mismos con sus colegas del Frente Renovador. Uno de los proyectos de ley que se baraja es el de la reforma política en la Provincia de Buenos Aires.

Difícilmente el massismo esté dispuesto a colaborar sólo por buena voluntad: varios de sus máximos exponentes ya dieron nuevos bríos a la idea de limitar el número de reelecciones al que pueden acceder senadores y diputados provinciales, así como intendentes. ¿Quieren votos? Apoyen nuestras propuestas.

Por otra parte, desde Cambiemos se busca reemplazar el sistema de múltiples listas partidarias (erróneamente denominadas “listas sábana”) por el implementado en los últimos comicios generales porteños, basado en la boleta única electrónica.

Muchas veces, las innovaciones generan entusiasmo en la población. Sin embargo, al momento de establecer cuán conveniente sería concretar una reforma política, debe imperar la cautela.

Empecemos por lo que hace a las reelecciones indefinidas en materia legislativa. Si sus defensores argumentan que permite construir una carrera basada en la experiencia, promoviendo así un mejor rendimiento de quienes ejercen funciones de supervisión sobre el Poder Ejecutivo, sus detractores sostienen que logra únicamente anular la renovación periódica de los cuadros partidarios.

Estamos en condiciones de afirmar que la habilitación dada a los legisladores para permanecer en sus bancas por más de un cuatrienio se caracteriza por tres grandes beneficios: posibilita la especialización en diferentes cuestiones que hacen a la gestión pública; genera una relación dinámica entre el representante y la población, impulsando mecanismos de accountability vertical”; y promueve el fortalecimiento de la estructura parlamentaria, autonomizándola respecto a los intereses del gobernador.

Opuesto es el caso de los intendentes. Aunque en los últimos comicios municipales nuevas caras salieron ganadoras, los resultados no lograron imponer una transformación rotunda al mapa político del Conurbano, a razón de que numerosos “barones” y apellidos “dinásticos” se mantendrán en el poder.

Cuando los jefes locales permanecen en sus cargos por más de dos períodos, se convierten en una amenaza al correcto funcionamiento del sistema democrático, ya que los amplios recursos fiscales con que cuentan, su capacidad de patronazgo y, habitualmente, la tenencia de cuerpos de choque destinados a controlar cada paso realizado por la oposición, transforman las intendencias en meros feudos. Exigir que la provincia de Buenos Aires funcione bajo parámetros pluralistas, cuando sus componentes más elementales actúan bajo lógicas autoritarias, resulta un sinsentido.

En cuanto a la boleta única electrónica, no sería bueno pensarla como la solución a todos los males que desvirtúan el correcto ejercicio de la ciudadanía. Inicialmente, su eventual aplicación tendrá que considerar los tiempos necesarios para que el votante se familiarice con la nueva modalidad mediante la cual expresará sus inclinaciones políticas.

Además, es útil recordar que un proceso electoral está integrado por momentos de formación, manifestación y conteo de preferencias, con lo cual resultaría un grave error centrarse en lo segundo, haciendo caso omiso a las prácticas clientelistas que desvirtúan el voto y a diversas trampas que pueden llevarse a cabo al instante de confeccionar los telegramas correspondientes.

Cualquier modificación del sistema electoral requiere sendas discusiones entre especialistas que presentan ideas diversas, con el objetivo de definir la mejor iniciativa. Hoy día, por ejemplo, desde numerosos sectores de la sociedad civil es promovida la paridad de género, tanto al momento de elaborar listas legislativas como de definir candidaturas ejecutivas.

Muy posiblemente, la moneda de intercambio para el entendimiento entre oficialistas y opositores provinciales sea la concreción de una reforma política. Aún así, toda necesidad inmediata debe mantenerse al margen de transformaciones de tipo estructural, cuya puesta en marcha necesita guiarse por amplios acuerdos y profundos procesos de capacitación. Si queremos cambiar, hagámoslo seriamente.

 

 

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