Macri, abocado a una reforma electoral que elimine el fraude

Días atrás, el ministro Rogelio Frigerio (n) lideró reuniones con dirigentes de los diversos partidos que poseen representación en el Congreso, así como especialistas en temáticas vinculadas al desarrollo de actos de sufragio. En tales encuentros fueron trazadas las primeras líneas de una reforma electoral, mediante la que se buscará 1) reemplazar el instrumento de sufragio, incorporando la boleta única; 2) coordinar los calendarios electorales nacional y provinciales, y 3) crear un nuevo instituto comicial que dependa del Poder Ejecutivo, siendo controlado desde el Congreso.

Con frecuencia, proyectos de este tipo resultan poco atractivos para el grueso de la sociedad. Sin embargo, consideramos necesario explicar, al menos de forma sintética, la esencia de las modificaciones que el presidente Macri impulsa, las cuales, de ser aprobadas, transformarán en gran manera nuestra vida democrática.

Analizando los cambios propuestos

A través de la boleta única, los ciudadanos podríamos ejercer nuestro derecho cívico con mayor libertad. El sistema de “listas sábanas” (correctamente denominadas “boletas múltiples partidarias”) desvirtúa la expresión de las preferencias, ya que el tedioso corte genera incentivos para optar por un mismo partido en diferentes categorías de cargos, incluso cuando tal conducta no se ata a una voluntad genuina del elector.

Además, lleva a que la reposición de papeletas permanezca en manos de los partidos, que necesitan de un elevado número de fiscales para evitar robos. En consecuencia, las formaciones políticas pequeñas se enfrentan a importantes dificultades logísticas.

Si bien los líderes políticos del país expresaron su acuerdo con la adopción de una boleta única, hasta el momento no han logrado consensuar si la misma será presentada en formato papel o electrónico. Asimismo, cabe destacar que la primera de las opciones posee sus variantes cordobesa y santafesina, las cuales producen menor o mayor impacto en el surgimiento de gobiernos divididos.

También resulta pertinente interrogarnos sobre la utilidad de un calendario electoral unificado. Durante 2015, los ciudadanos porteños debieron concurrir a las urnas en seis oportunidades, algo que genera un entendible fastidio. Ahora bien, es posible suponer que tal diferenciación de fechas impidió un debate superficial de los temas locales, algo que sí ocurre en Buenos Aires, donde los candidatos al sillón de Dardo Rocha suelen brindar escasas propuestas y están atados a la ventura de quien se postule como presidente.

Cabe recordar que los Estados subnacionales poseen autonomía al momento de establecer la fecha en que se efectuarán los respectivos comicios: la Constitución de Tierra del Fuego, por dar un ejemplo, impide que los cargos provinciales sean electos en igual fecha que los federales. Ante este escenario, un acuerdo entre Macri y los gobernadores no bastará para simplificar el calendario, ya que está en manos de cada legislatura la facultad para enmendar las correspondientes cartas magnas, siempre que resulte imperioso.

Al interior del sistema político e institucional argentino, la Dirección Nacional Electoral (DINE) coordina la administración de los comicios a nivel país, tarea que le brinda un papel de suma importancia. Sin embargo, últimamente se ha visto sujeta a distintos  vaivenes de la política y fue trasladada al área de Justicia y Derechos Humanos luego que Florencio Randazzo -en su momento titular de un Ministerio del Interior y Transporte que aglutinaba a la DINE- decidiese ser precandidato a presidente, adoptando así el papel de “juez y parte”.

En recientes declaraciones, el secretario de Asuntos Políticos y Fortalecimiento Institucional, Adrián Pérez, ha señalado que la gestión macrista promueve, con la presente reforma, la creación de un nuevo órgano comicial, en este caso autónomo, que sustituya a la DINE. Sin lugar a dudas, es recomendable que, a corto plazo, una medida de tal tenor encuentre sustento constitucional, para impedir que la futura agencia sea tan poco independiente como lo es su contraparte venezolana.

Puntos a incorporar en la reforma electoral

Los aspectos antes mencionados resultan cruciales para avanzar hacia un moderno esquema organizativo de comicios. Sin embargo, consideramos auspicioso que en próximas reuniones sean también discutidos otros aspectos, tales como la conveniencia de prohibir listas adherentes y el establecimiento de una exacta paridad de género al momento de elaborar listas de candidatos.

Asimismo, y siguiendo el argumento planteado por la diputada nacional Carla Carrizo (bloque SUMÁ + UNEN), entendemos pertinente que estos aires de renovación sirvan para actualizar el número de representantes en la Cámara Baja, un total que no contempla las variaciones poblacionales registradas en el Censo 2010, incumpliéndose así con los artículos 45 y 47 de nuestra Constitución Nacional. Hoy día, provincias con gran número de habitantes se encuentran subrepresentadas, siendo Buenos Aires uno de los casos más evidentes en este sentido, escenario que conduce a resultados políticos disfuncionales.

Centrarse exclusivamente en el instrumento de sufragio constituiría un grave error, y de ello parece darse cuenta la gestión macrista. Tal como afirmamos en una columna de opinión previa, todo proceso electoral cuenta con etapas de formación, manifestación y conteo de preferencias, que poseen características singulares cuyo control debe darse en simultáneo. No sea cuestión de votar con un moderno y simple sistema de boleta única electrónica, pero la sumatoria de voluntades recaiga en un organismo cercano al poder de turno.

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