Marcas extranjeras: pros y contras del desembarco en el país

En los últimos días, surgió una polémica en torno al ingreso de empresas de indumentaria extranjeras al país, como consecuencia de los nuevos aires y medidas anunciadas por el presidente, Mauricio Macri. Forever 21, H&M, TopShop, Gap, D&G, Gucci, Armani y Ralph Lauren son algunas de estas empresas que desembarcarían en los próximos días en el país. Pero la polémica no es por el ingreso de marcas conocidas a nivel mundial, sino por las consecuencias, negativas para algunos y positivas para otros.

Las voces positivas comentan 2 rasgos salientes: el primero, es que el ingreso de nuevas marcas,  permitiría aumentar la oferta de indumentaria, y, por ende, bajar los precios de las marcas locales y aumentar las ventas; el segundo, que generaría mayores puestos de trabajo, debido a mayor presencia de locales, agencias locales de publicidad y demás necesidades para desarrollar las marcas.

Las voces negativas, en cambio, mencionan varios rasgos perjudiciales para la economía argentina: el primero, pérdidas de puestos de trabajo en la industria textil, como consecuencia del ingreso de ropa más barata, que se fabrica en el exterior, en países con sueldos extremadamente bajos a nivel global; el segundo,  la reducción de las utilidades de los productores textiles; el tercero, la desnacionalización del vestir de los argentinos; y la cuarta, la suba de precios de aquellas prendas que no se producen en el país.

En esta oportunidad, pareciera en principio, que ambas posiciones son extremistas y que ninguna reflejaría una realidad posible.

En el país hay una realidad ineludible: vestirse, en promedio, sale un 50% más caro que en países como Brasil, Chile y Uruguay. Un Jean de la marca más famosa, cuesta hasta $1400, mientras que en chile cuesta $600 argentinos, sin contar que en EE.UU, puede costar mucho menos. La ropa es demasiado cara para los bolsillos de los argentinos, y puede representar hasta un 20% del salario la vestimenta diaria,  que se compensa con la posibilidad de pagar las comprar en 12 cuotas sin interés.

El costo de confección representa, en los mejores casos, solo el 20% del precio de mercado. Otro 25% del valor de mercado se compone de impuestos. Un 60% o más, corresponde a la comercialización, el marketing, el desarrollo de la marca y la publicidad. Podríamos pagar una remera de calidad, a solo $120, con un margen de ganancia de un 40%.

Quienes argumentaban los altos costos salariales en el precio de venta, no  solo están errados, sino que “desconocen” el circuito productivo textil en Argentina. Informes de ONGs, como La Alameda, arriesgan que, la indumentaria, es producida hasta en un 80%, en talleres clandestinos esclavistas, con trabajo a destajo, 16 horas de trabajo de lunes a lunes y con pagos irrisorios de 20 centavos por prenda. Y no solo alcanza a las “saladitas”, sino grandes marcas nacionales estarían implicadas en estas formas de producción esclavista. Los grandes márgenes de ganancias de las grandes marcas no solo afectan a los consumidores, sino también a productores independientes, como Marina López, dueña de una marca de ropa con  local en el barrio de Palermo. Marina brinda frases como: “Hacer un jean de calidad me sale $250, Y lo tengo que vender a $800, porque la gente del barrio desconfía si lo pongo barato” o “los shoppings y las marcas grandes venden casi toda ropa china. Los que producimos ropa en el país y con todo en regla, terminamos cerrando los locales y vendiendo nuestros productos, más barato, en garajes o casas privadas, sin pagar impuestos, porque se vuelve insostenible la competencia, por la falta de controles a las grandes marcas”. Y no lo padece solo ella, sino muchos comerciantes pequeños y medianos.

Grandes marcas, grandes evasiones

Las empresas más conocidas y aquellas que no tanto, pero conviven con la primera, no solo pueden estar implicadas en trabajo esclavo, sino que violan 2 leyes de la Ciudad de Buenos Aires: la ley de talles y la ley de promociones.

La ley de talles, indica que las empresas deben garantizar un mínimo de 8 talles, salvo que se trate de productos discontinuos o de liquidación, y al mismo precio.  No solo que no se cumple, sino que en muchos locales de ropa femenina, es muy alevosa la infracción: talle único, para la mujer ideal. Pese a las multas, la aplicación brilla por su ausencia.

La ley de promociones también se incumple y en casi todos los artículos. La famosa “liquidación de fin de temporada” se aleja cada vez más de las fechas estipuladas: de verano, entre el 1º de febrero y el 31 de marzo y de invierno, entre el 1º de agosto y el 30 de septiembre. Y las temporadas pueden durar apenas 1 mes, y por la falta de ventas, lanzan la “promoción”, que no es aplicada como indica la ley. Dentro de la ley, también estipula los famosos outlet: indica que los “saldos” son “aquellos artículos cuyo valor de mercado aparezca manifiestamente disminuido a causa del deterioro, defecto de producción, por tratarse de productos discontinuos, usados o reconstituidos” y la falla debe mencionarse al consumidor y no debe haber engaño o riesgo. Estos outlet, en muchas oportunidades, no solo  venden prendas sin rebajas, respecto al valor en cualquier local corriente, sino que no indican las fallas que posee. Es decir, no son lo que presumen ser. Quienes tuvieron la oportunidad de conocer (o quienes solo han oído) los comercios de saldos de EE.UU, saben lo que son las liquidaciones: descuentos de hasta el 80%, con ropa sin fallas, sino que es de otra temporada, o le falta una etiqueta, o faltó algún logo. Que esto suceda en el país, sería algo impensado en estos tiempos.

Por eso, quienes esgrimen que el ingreso de marcas extranjeras sería muy perjudicial, debieran pensar como rediseñar el sistema en el país.  Prendas de calidad inferior, alto precio, trabajo esclavo,  falta de talles y engaños en las promociones son detalles a cambiar por los productores y comerciantes locales, desde este mismo momento, para satisfacer al descontento mercado, que no solo afecta a los consumidores, sino también a los pequeños productores. Y el estado tiene que controlar que se cumplan las leyes en todos los aspectos. Sino, va a ser muy fácil que los consumidores argentinos se dejen seducir por marcas extranjeras, con precios inferiores y en muchas oportunidades, calidad superior.

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