Mauricio Macri o Daniel Scioli: dos pensamientos con raíces históricas diferentes

La contienda electoral del próximo domingo en Argentina enfrenta dos “modelos” ideológicos diversos. Las diferencias ideológicas entre los dos candidatos con más posibilidades de triunfar existen y son bastante evidentes. Pero estas divergencias no son identificables a partir de los discursos públicos de los candidatos.

Por un lado, podemos encontrar un candidato peronista que exalta los valores que históricamente este partido defendió para el país: entre otros, el nacionalismo, el estatismo y el afán distributivo.

Aún cuando el peronismo de Perón no haya sido original al defender el nacionalismo en contraste con un modelo de desarrollo hacia afuera, se puede afirmar que es este movimiento político quién supo  explotar mejor los supuestos beneficios de seguir una política nacionalista que relega  por definición al extranjero, al inmigrante y a todo aquella persona física o jurídica que quiera apostar de alguna manera por el país sin haber nacido en él. El nacionalismo, a contramano de lo que muchos de sus adversarios piensan, ve en el atributo de nación un criterio de exclusión en sí mismo bueno y deseable, que es coreado y exaltado hasta el cansancio y con el cual miles de argentinos parecen identificarse a priori. Decir que alguien es nacionalista, no es lo mismo a (no es sinónimo de) amar y querer la Argentina; es mucho más que eso porque implica también descalificar a quién no cumple con esa condición.  Reducirlo en su condición, en pocas palabras.

Así, una política nacionalista procura fijar trabas al libre movimiento de personas a lo largo y ancho del país. Busca limitar la inmigración, de múltiples modos, a través  del establecimiento de requisitos para la entrada de inmigrantes a un país, la persecución de personas por su pertenencia a una etnia en particular o la fijación de cuotas que limitan la libre movilidad de los individuos. Los fundamentos de una política de este tipo son múltiples, pero sobresalen algunos como ser la idea de que el extranjero fomenta la vagancia y la rebeldía. Actualmente se alerta por problemas como la delincuencia, el narcotráfico y el terrorismo.  Se suscitan también dudas respecto a la posibilidad del extranjero de insertarse efectivamente en el mercado de trabajo. Pero estos fundamentos vienen usualmente cargados de una retórica nacionalista fuertemente cargada de odio que no es más que la otra cara del miedo. En Europa, una retorica xenófoba se viene imponiendo con bastante éxito en los últimos años, incluso dentro de los mismos gobiernos.

El proteccionismo es uno de los rasgos más visibles del nacionalismo en política económica. Limita la entrada de productos importados a un país a través del establecimiento de aranceles e impuestos a la importación. Encarece como consecuencia el producto importado, permitiendo a la industria nacional competir, en condiciones ventajosas, en el mercado local. Las consecuencias históricas de seguir una política de este tipo son la menor eficiencia de la economía y el aumento del costo de vida.

Además, el peronismo ha hecho gala de un rol activo del Estado dentro de la sociedad. Y no es una mera casualidad que esto haya sido así. El peronismo nació desde arriba, desde el Estado, por lo que su líder fundador, el general Juan Domingo Perón, requirió una retórica y un discurso funcional al mismo que le permitiera retener y conservar el poder por muchos años. No es tampoco una novedad que los militares argentinos veían en el Estado un aparato eficaz (o quizás más que un aparato) capaz de tratar y solucionar los problemas sociales más urgentes que la Argentina atravesaba en pleno siglo XIX y XX (al menos aquellos militares que gobernaron antes de 1976). Eran profundamente optimistas respecto al Estado. Perón fue un gran exponente de esta visión. Sus planes quinquenales para la formación de una industria pesada enteramente nacional, su creencia en el gasto social del Estado como motor del progreso y su idea del Estado como mediador en los conflictos entre capital y trabajo son ejemplos de la trascendencia que el Estado tenía para Perón.

En los últimos años, los gobiernos peronistas de Néstor Kirchner y Cristina Fernández tuvieron, por diferentes circunstancias, metas menos ambiciosas que Perón, pero la idea del Estado como promotor de la industria nacional, del “gasto social” estatal como base del éxito personal y el rol central del Estado en la mediación de los conflictos entre empresarios y trabajadores siguió vigente y se impuso con fuerza en el discurso público.

El peronismo, en tercer lugar, cree profundamente en la idea de mejorar la redistribución del ingreso en favor de la clase trabajadora, o dicho en otras palabras, en mejorar la participación de los trabajadores en la renta nacional. Este deseo se ha expresado de múltiples formas, no siempre a favor de que los trabajadores ganen más o estén mejor. El peronismo, alzando la bandera de la industria nacional, no ha dudado en extraer y transferir sistemáticamente recursos en forma compulsiva desde los sectores productivos (el agro principalmente) hacia la industria, sin percatarse de que esta última requería para un desarrollo más armónico y duradero un campo fuerte y pujante. En muchos casos, los gobernantes peronistas han hostigado y difamado públicamente a la clase empresaria a través de múltiples medios y formas con el objetivo de recibir el beneplácito de los trabajadores asalariados. Con expresiones peyorativas como”gorila” u oligarca se pretendía denunciar aquello que los empresarios habían conseguido durante los años en los que gobernaron. Ninguna voluntad de justicia se alzó contra estos sectores,  ya que al discurso público en forma de denuncia no lo acompañó ninguna voluntad de investigar o impulsar una investigación que revelara corrupción o enriquecimiento ilícito. En muchos casos, el propio gobierno fue cómplice y socio de los negocios turbios entre privados. Muy frecuentemente los gobiernos en Argentina intentaron ganarse el apoyo del electorado a través de discursos demagógicos que directamente desacreditaban el afán de ganancia de los empresarios como si el sólo hecho de ganar plata fuera inmoral.

Un breve repaso por las ideas que el peronismo históricamente ha defendido, es una buena manera de clarificar las ideas antagónicas. Brevemente sobresalen las ideas cosmopolitas, la meritocracia, la igualdad de oportunidades iniciales y un Estado limitado en sus funciones pero eficiente que permita un libre desarrollo de las personas en el marco de un Estado de Derecho.  Estas ideas se ajustan más o menos bien al ideario del liberalismo.

En las elecciones del domingo, considero que se enfrentan dos modelos de país diferentes. Ninguna de las propuestas con más chances de ganar (según las encuestas) se amolda perfectamente a las dos cosmovisiones o doctrinas en el estado puro que describí arriba.

La propuesta encarnada por Daniel Scioli se amolda bastante bien, creo, al ideario peronista, sin compartir el nacionalismo más extremo. A su vez, se hace ver como un candidato conciliador o pacificador.

Mientras que aquella visión representada por el candidato del Pro, Mauricio Macri, sintoniza con una visión que, sin ser liberal, es más republicana y cosmopolita que la defendida por el candidato del Frente para la Victoria. Dos modelos de país enfrentados. Dos opciones diferentes, una de las cuales el ciudadano deberá elegir.

Mauricio Macri o Daniel Scioli: dos pensamientos con raíces históricas diferentes
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