Por qué Cristina Kirchner no se merece volver

Alguien me podría acusar, con semejante título, de no ser objetivo. De querer inclinar el tablero en favor del gobierno nacional para las elecciones. También, con cierta razón, de dejarme llevar por los sentimientos adversos hacia la ex presidenta.

Todo esto puede ser cierto, pero pienso que el objetivo de este artículo convalida y justifica, en cierta medida, la manera de dirigirme en el título.

En notas anteriores, me referí a la falta de consistencia del gobierno en la toma de decisiones. Éste ha hecho los deberes bien en algunas áreas, pero tiene cuentas pendientes en muchas otras.

Desde hace un par de semanas, la batalla política se ha trasladado al terreno electoral y los principales candidatos buscan jugar con sus mejores cartas para vencer en las elecciones primarias legislativas del domingo próximo.

Por eso me pareció oportuno dejar de lado la ambigüedad, muy propia de quienes buscan caracterizar la realidad como analistas -desde afuera- y deciden no meterse en el barro. En general, es lo que los politólogos hacemos cada vez que opinamos sobre la política argentina de una manera relativa o pretendidamente neutral, sin comprometernos y tomar partido abiertamente por alguna fuerza política o proceso en particular.

En esta oportunidad, sin embargo, decidí apartarme momentáneamente de esta lógica y decir concretamente por qué creo, desde mi humilde entender, que la ex presidenta, la Dra. Cristina Fernández de Kirchner, no debería ganar las próximas elecciones y las subsiguientes, en caso de presentarse.

Y para hacerlo, me valgo de las experiencias de Perú y Ecuador durante el mismo período en que ella gobernó, tomando cuatro variables de rendimiento: pobreza, desocupación, infraestructura/obra pública y educación (1).

No debería ganarlas, porque sus dos gobiernos (2007-2011, 2011-2015) fracasaron en un sinnúmero de temas que interesan y preocupan a la ciudadanía.

En primer lugar, me refiero al combate de la pobreza, que es, a mi modo de ver las cosas, el problema más serio que tiene hoy la Argentina. Los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner no fueron eficaces en reducir la pobreza.

A pesar de su retórica populista en favor de los pobres, la realidad es que la ex presidenta dejó el país, al culminar su mandato en 2015, con prácticamente igual o incluso mayor cantidad de pobres que cuando asumió en 2007 (2). La cantidad total de pobres se redujo fuertemente en los años en que gobernó su difunto marido, el Dr. Néstor Carlos Kirchner (período 2003-2007), pero ella, como presidenta, no fue capaz de continuar esa tarea para ganarse el apoyo de amplias capas sociales, especialmente la clase media de las grandes ciudades capitales.

Antes de la intervención del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos a principios de 2007, la pobreza era del 26,9%, habiendo bajado fuertemente desde el año 2003 (año en que asume Néstor Kirchner la presidencia). Pero esta cifra se estancó a partir de 2007, luego de que asume la ex presidenta.  La clase media le terminó dando la espalda, porque -entre otras cuestiones- sus políticas para sacar a flote a los más pobres fracasaron rotundamente, poniendo en riesgo su pertenencia a esa clase y el bienestar del país.

Los sucesivos programas y planes sociales no alcanzaron. El aumento año a año del número de pobres en la Argentina se dio en el contexto de un crecimiento económico elevado y altos precios de sus materias primas y alimentos donde Argentina tiene ventajas comparativas.

A diferencia de nuestro país, Ecuador y Perú avanzaron enormemente en la reducción de los niveles de pobreza en los últimos años. Ecuador se benefició en la década pasaba -y los primeros años de ésta- de los altos precios internacionales del petróleo, uno de sus principales bienes de exportación. Perú, del alto precio de los minerales.

Hoy los dos países presentan porcentajes de pobreza sustancialmente menores a los de la Argentina, que históricamente había estado al frente en América Latina con Uruguay, que sigue liderando ese índice. El escritor peruano, Mario Vargas Llosa, dijo recientemente: “Ollanta Humala hizo un buen gobierno, no sé si realmente delinquió” (3). Lo cierto es que pudo seguir la “hoja de ruta” trazada por gobiernos anteriores, especialmente el de Alan García. El mayor hito del “milagro peruano” fue haber reducido la pobreza desde un 55% en 2005 a un 22% en el año 2015. En el año 2016 siguió bajando hasta ubicarse en 20,7% (4).

Perú tiene adicionalmente una economía mucho mejor administrada que la Argentina. Las finanzas públicas están ordenadas y la inflación oscila entre 2 y 3% anual.

De Ecuador se puede decir algo parecido. Gusten o no las formas y modos de gobernar del ex presidente Rafael Correa, éste ha impulsado un progreso social genuino -y objetivamente medible- para el Ecuador. La reducción de la pobreza no ha sido tan fantástica como en el Perú, pero se observan en este campo avances sustanciales. En cifras, el país ha sacado a aproximadamente 1,4 millones de personas de la pobreza entre 2007 y 2016 (tiene un total de 16,39 millones de habitantes al 2016). El índice de pobreza se sitúa hoy en 22,9%, habiendo partido desde un 36,7% (5).

La dolarización de la economía años antes de la llegada de Correa al poder en 2007 le permitió a Ecuador generar confianza, estabilizar su economía (con una baja inflación como en Perú) e impulsar el crecimiento económico, además de fortalecer la gobernabilidad.

El segundo punto que me gustaría resaltar es el nivel de desempleo. Ecuador y Perú presentan bajos niveles de desempleo. La cifra de desempleo al año 2015 según el Banco Mundial (a partir de datos de la OIT) rondó el 4,7% y el 4,4%, respectivamente. Esto contrasta con el número actual de la Argentina que es de alrededor del 9% según los últimos datos del nuevo INDEC. Si bien este número aumentó desde fines de 2015 a la actualidad debido a las sucesivas correcciones macroeconómicas y de precios relativos que hubo que hacer, aún antes de esos ajustes, la Argentina presentaba claramente mayor porcentaje de desempleo que los dos países andinos relevados en este artículo (alrededor de 6,6% en 2015) (6).

Esta realidad trasciende hasta cierto punto los dos gobiernos de la Dra. Cristina Fernández de Kirchner, pero la persistencia del problema deja entrever que, en momentos muy favorables para el país, se hizo poco para terminar con un flagelo difícil de paliar en el corto plazo. Además, la cifra del desempleo estuvo maquillada por la gran cantidad de subsidios, empleo público y desequilibrios económicos que presentaba y que aún presenta la economía argentina (si bien actualmente se están considerando reducirlos).

En claro contraste con la Argentina, además, tanto Perú como Ecuador pusieron el Estado al servicio de sus ciudadanos, creando rutas, autopistas, promoviendo la energía para crecer (tanto la tradicional como la alternativa) e invirtiendo en educación.

Por el contrario, los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner dejaron al país sin energía suficiente para autoabastecerse (con cortes cada vez más frecuentes y prolongados) y a su ex ministro de energía seriamente comprometido por acusaciones de corrupción.

Mientras los ministros en Argentina les explicaban a sus ciudadanos que el país no tenía suficiente energía porque éste crecía y, en consecuencia, la gente demandaba más de ese bien, Ecuador y Perú crecían a tasas razonables, sin comprometer su infraestructura básica, y convirtiéndose incluso en exportadores en el mismo período. Ecuador, por ejemplo, comenzó hace unos años a venderle energía a Colombia. La Argentina, precisamente, había sido exportadora de ese bien no mucho tiempo atrás.

La falta de inversión en el transporte se hace evidente cuando el reclamo de las PyMES en este país gira en torno del costo logístico, factor desencadenante de la falta de competitividad. La falta de inversión en puertos, en ferrocarriles y en rutas repercute en la calidad de su mantenimiento.

En Ecuador, tanto oficialismo como oposición destacan la cantidad de rutas y autopistas que el gobierno pasado liderado por Rafael Correa dejó como legado a su sucesor, Lenín Moreno. Sí, la oposición de los partidos y los medios de prensa, que habitualmente critican problemas como la débil institucionalidad o la censura del gobierno a la prensa, destacan esos avances (7). Perú, en este punto, aparece más rezagado, teniendo pendiente aún mejoras en su sistema de transporte.

La educación, por último, es una cuenta pendiente en la Argentina, especialmente la calidad de la misma. Acá también hay que mirar a Ecuador. Mientras Argentina rechazaba el resultado de las pruebas internacionales PISA, Rafael Correa gestionó el ingreso de su país a las mismas. Creó, entre otras cuestiones, la Universidad Nacional de Educación, que se encarga de educar a los maestros a partir de la creación de un cuerpo de capacitadores de elite mundial.(8)

En Perú, Pedro Pablo Kuczynski, actual presidente, mantuvo en sus funciones al ministro de educación de Humala, quien llevó el presupuesto educativo al 4% del PBI y, en una decisión inédita, creó un sistema de becas que le permitió a miles de jóvenes estudiar en el país y en el exterior.

La intención de este artículo no fue señalarle al lector cómo debe votar el próximo domingo en las primarias. Las opciones son muchas y cada ciudadano es dueño de su voto.

Me interesó simplemente reflexionar un poco sobre las motivaciones que hay detrás de un voto, en este caso, del voto hacia la ex presidenta.

Si la preocupación que define el voto es la pobreza, ya vimos en este artículo que los progresos en ese campo fueron prácticamente nulos. Al mismo tiempo, la oportunidad que se perdió es enorme.

Del mismo modo, la desocupación en Argentina no retrocedió mayormente (solo un 2% y monedas desde 2007 hasta 2015 según estadísticas del Banco Mundial). La gestión kirchnerista enmascaró el desempleo con subsidios (objetivamente insostenibles) y precios artificiales de los bienes y servicios, incluido el dólar.

No deja de ser un elemento a reconocer la escasa inversión privada presente en el país (especialmente la extranjera directa). Esta situación es llamativa y sale a luz muy rápidamente cuando uno recorre las tiendas, los comercios, restaurantes y shoppings de algunas metrópolis de América Latina. Allí se encuentra uno con una variedad de productos y servicios que, en Buenos Aires, la “capital europea” de América Latina, no hay. Perú, con su capital Lima, es en este sentido un ejemplo a imitar.

Por último, la cantidad de accidentes viales en las rutas de todo el país y las inundaciones -como en la Provincia de Buenos Aires, donde reside casi el 40% de la población de todo el país- tiran por la borda el discurso de un Estado al servicio de sus ciudadanos. Un problema grave que aqueja a los argentinos es la insuficiencia de cloacas y redes de gas en todo el territorio nacional. El Gobierno está trabajando codo a codo con los municipios para incorporar estos servicios (básicos pero fundamentales) a los hogares de la Provincia de Buenos Aires y el interior. Falta saber si las promesas se terminaran cumpliendo.

Una de las maneras para salir airoso de este fracaso en la gestión presidencial es a través de la intervención discrecional del instituto de estadísticas oficial que publica los índices relevados acá. Y fue la manera que efectivamente utilizaron para tapar la realidad.

Espero que con los nuevos datos que provee el INDEC, la población pueda informarse, el país recuperar la credibilidad perdida y, por último, revertir los magros resultados de los gobiernos pasados


  1. Habitualmente emparentadas con problemas que preocupan a las llamadas izquierdas latinoamericanas. También podría, en lugar de Ecuador y Perú, tomar los casos de Uruguay, Chile y Brasil (especialmente los gobiernos de Lula) para contrastarlos con el caso argentino. No hablo de temas también importantes pero no útiles para este artículo como la corrupción, la institucionalidad, apertura al mundo, inseguridad ciudadana y relación del gobierno con la prensa.
  2. Dependiendo qué cifra tomemos, ya que el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) fue intervenido por el gobierno nacional a comienzos de 2007, en pleno proceso inflacionario. 
  3. http://larepublica.pe/politica/1066922-vargas-llosa-ollanta-humala-hizo-un-buen-gobierno-no-se-si-realmente-si-delinquio
  4. http://peru21.pe/economia/pobreza-extrema-peru-cayo-03-2016-segun-inei-2281148
  5. Para el período 2006-2014: http://www.ecuadorencifras.gob.ec/un-profundo-analisis-de-la-pobreza-a-traves-de-dos-nuevas-publicaciones/ para 2007-2015: http://www.ecuadorencifras.gob.ec/14-millones-de-personas-salen-de-la-pobreza-por-ingresos-en-nueve-anos/
  6. http://datos.bancomundial.org/indicador/SL.UEM.TOTL.ZS?locations=AR-PE-EC Para Argentina, antes de la publicación de las cifras del nuevo INDEC: http://chequeado.com/el-explicador/como-evoluciono-la-pobreza-segun-estas-fuentes-alternativas-al-indec/
  7. Andrés Oppenheimer, periodista argentino en el exterior, reconoce la inversión en vialidad hecha por el gobierno de Correa. Personalmente no comparto el sesgo de su artículo. http://www.lanacion.com.ar/1990626-el-falso-milagro-de-rafael-correa. El World Economic Forum distinguió también a Ecuador, otorgándole el primer puesto en América Latina en calidad de vías (2016).
  8. Ver el artículo de Iván Petrella, actual funcionario del gobierno central: http://www.lanacion.com.ar/1682829-la-revolucion-educativa-de-correa
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