Ramadán: ¿por qué la ola de atentados?

El Estado Islámico (ISIS) está llevando a cabo una ola de atentados en todo el mundo. El más reciente, este 4 de julio en Arabia Saudita, llegó incluso a alterar la normalidad de un lugar sagrado, la Mezquita del Profeta (Al-Masjid Al-Nabawi) en Medina. A este hecho se le suman, entre otros ataques, los atentados cometidos hace pocos días en Estambul (el 28 de junio), Bangladesh (el primero de julio), en Estambul (el 28 de junio), y en Bagdad (el 3 de julio). Lo que es más, estos actos ocurrieron durante el presente mes de Ramadán.

Paradójicamente, esta ola de atentados se produce durante circunstancias muy adversas para el ISIS, que está perdiendo terreno en Siria y en Irak. Rusia y la coalición armada por Estados Unidos están empujando al ISIS hacía atrás. De acuerdo con el Departamento de Estado norteamericano, el grupo yihadista más infame ha perdido el 47% de su territorio en Irak, y el 20% de sus posiciones en Siria. Así y todo, daría la impresión que el número de atentados se ha incrementado, particularmente en el mes más santo para el colectivo musulmán. ¿Cómo se explican estos acontecimientos?

En primer lugar, si uno se circunscribe a la visión wahabita, el Ramadán es todo lo contrario a lo que se imparte comúnmente en la coyuntura de las sociedades occidentalizadas. Antes que un mes de introspección, es un mes para guerrear. En su puritanismo, el dogma de los extremistas sunitas insiste en que en el mes santo hay que saquear y conquistar, y básicamente destrozar a los infieles. Para los yihadistas, la clave para ganarse el favor de Dios no está en pedir perdón, pero más bien en seguir el ejemplo del Profeta, y expandir la comunidad por la fuerza. En este sentido, en la práctica, los extremistas adoptaron la yihad como el sexto pilar del islam. Para ellos, abstenerse de batallar, equivale a abstenerse de ayunar y de rezar.

Esto nos lleva al segundo punto. Estos ataques, además de revelar la brutalidad inherente del yihadismo, dicen mucho acerca de la ideología del ISIS. Muestran que, en las mentes de los extremistas sunitas, hay una aversión completa hacia la diversidad religiosa o doctrinaria dentro del mismo universo referencial (la misma fe). Una diferencia de interpretación se corresponde con el crimen de apostasía, una desviación religiosa que se asocia, en el pensamiento jurídico ortodoxo, con la pena capital. No se trata meramente de una cuestión de odio. Los yihadistas en cuestión promueven una visión religiosamente fundamentada, y consecuentemente justificada, que considera detractor a cualquiera que no suscriba con su cosmovisión. En resumidas cuentas, esto explica el afán de los operativos del ISIS por matar tantos musulmanes (que para ellos no son musulmanes) como cristianos o judíos.

Como el ISIS está perdiendo la ventaja táctica sobre el campo de batalla propiamente dicho, está poniendo mayor énfasis en la yihad en el extranjero; que al fin y al cabo le concede mayor publicidad y tanda mediática. Cabe recordar que se trata de una entidad transnacional, y que sus ataques dependen considerablemente de la iniciativa de particulares alrededor del mundo. Si bien el califa exige lealtad incondicional, es plausible que no exista una estructura de mando bien definida o estructurada. En cierto sentido –utilizando la jerga de los emprendedores– el ISIS es una plataforma colaborativa, solo que pensada para satisfacer pulsiones autodestructivas. En sus publicaciones, el grupo invita a los fieles a unirse a la causa y a ganarse su sitio en el cielo, para lo cual se les pide que maten infieles dondequiera que los encuentren.

A grandes rasgos, esto también dice algo acerca de las dinámicas de las ideologías totalitarias. Al caso, los historiadores observan que para el final de la Segunda Guerra Mundial, los alemanes destinaron valiosos recursos para acelerar el genocidio de los judíos, cuando podían haber direccionado dicho capital a fortalecer la entonces apretada máquina de guerra nazi. La lección axiomática es la siguiente: en la locura hitleriana, la eliminación de las percibidas razas inferiores constituía la razón de ser del movimiento nazi. Aunque los jerarcas deslumbraban que el fin estaba cerca, entendían que aún podían redimirse dándolo todo por purificar la raza. Algo similar ocurre con el ISIS. Sin importar su situación en el campo de batalla convencional, seguirá poniendo su mayor empeño en sembrar terror en los corazones de los apostatas e infieles.

Por otro lado, aunque esto requiere una discusión más prolongada, hay que tener presente que el ISIS es solamente la punta del iceberg del extremismo islámico. Los estudios muestran que muchos países musulmanes predominan opiniones ortodoxas, esencialmente antiliberales, misóginas, y chovinistas. Estas influencias ciertamente son propicias para que una minoría de forma, cual ISIS, a un sindicato internacional de la muerte.

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