Último adiós a Mariano Coustau

El comisario Mariano Coustau, quien era el Jefe de Seguridad del edificio de Comodoro Py y se suicidó el viernes pasado, fue enterrado hoy en el panteón de la Policía Federal del Cementerio de la Chacarita.

Acompañaron a su familia los superiores de Coustau y sus subordinados, que día a día trabajaban con él en la custodia del edificio judicial con más movimiento de los últimos tiempos.

Asistieron también Alejandro Slokar, presidente  de la Cámara Federal de Casación Penal, Pedro David, uno de los jueces de ese tribunal, y el secretario Juan Montesano Rebón, quien coordinaba la seguridad del edificio con Coustau.

El comisario, que se suicidó en el contenedor que oficiaba de destacamento en Comodoro Py, vivía en Hurlingham, estaba casado y era padre de tres hijos.

Un importantísimo diario convocó a la periodista Nerina Sturgeon (ex Perfil y Crítica, entre otros) para que trazara un perfil del comisario. Sturgeon, actualmente es Coordinadora de Medios Digitales en Radio y Televisión Argentina (RTA), quien fuera amiga del comisario escribió lo siguiente:

Nunca me habías hecho llorar, Negro. En 46 años, es la primera vez que me duele tu imagen y tu nombre.  Es tan fácil cubrir los policiales de otros, de los que no conoces y te llamaba para saber, y me decías, y te seguía preguntando, y me cortabas con un ¡basta Bardo!

Cuando te enteraste que cambiaba de Ciencias Políticas a Periodismo me rebautizaste y Bardo le ganó a Neri. Los periodistas son un bardo, pensabas. Y yo te peleaba: los policías no piensan, obedecen. Y en esa se nos pasaba la espera del 643 en la esquina de Roma. ¿Qué te pasó?

Mariano Coustau fue mi vecino y mi amigo de toda la vida. Fuimos al jardín, a la primaria y a la secundaria juntos. Fuimos a Dibujo, a Inglés y al Club Defensores de Hurlingham. Él es parte de mi vida y hoy quiero honrar su muerte.

Yo se que amaba ser policía porque me lo dijo a los cuatro años en el patio de mi casa. Quizás buscando el cariño de un padre policía y ausente, o por vocación o para hallar el reconocimiento que su corazón siempre necesitó, Mariano logró mucho más de lo que me contó ese día.

Cada año de su vida superó al otro, en su escalafón, sin dudas, pero sobre todo en su familia. El Negro tuvo el coraje de amar bien (a Karina, la mujer de su vida) y de hacer crecer una familia con tres hijos hermosos, Lula, Nico y Francisco. También tuvo el valor de enfrentar a su padre enfermo, de cuidar a su mamá hasta el último aliento y de sobreponerse a la súbita muerte de su única hermana.

Mariano luchaba en silencio contra la tristeza y siempre le ganaba con esa forma de ser empática, alegre, medio histriónica y enérgica, bonachona, gentil, solícita. Dominaba a su animal.

Siempre estaba dispuesto a hacer un favor, a ofrecer su servicio y a juntarse con los amigos del Hurling o los de la escuela. Se molestaba cuando no me acordaba de algún nombre porque él no olvidaba a ninguno. Mariano era el que ponía la casa, la pileta y, si lo apurabas, el asado. ¿Qué te pasó?

-Sabés, Bardo, vos y yo somos buena gente. Porque hay gente que es una mierda.

Fue la frase más fuerte que me dijo en toda nuestra vida de vecinos amigos. El domingo pasado, cuando volvió de vacaciones, me escribió un mensaje para vernos. Iba a ser el lunes próximo en el canal. Lula está estudiando Periodismo y quería que la guiara y además tenía algo para contarme. Nunca me lo va a decir.

Ojalá estés riendo, Marian. Te voy a recordar siempre.

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