Venezuela: una jornada democrática manchada por las armas

El 6 de diciembre de 2015 el 64% de ciudadanos en Venezuela dijo “basta” a los atropellos autoritarios de un gobierno que se denomina democrático.

La realidad es otra: Venezuela está sumida en una dictadura encubierta bajo el manto de un líder autoimpuesto, que tiene encadenada -bajo presiones- la libertad de un pueblo.

Encadenada económica y socialmente; cadenas que se rompieron el 6 de diciembre pasado, cuando la oposición logró la mayoría calificada en el parlamento, que le permite modificar estructuras gubernamentales, hoy cooptadas por indecisión del pueblo.

Ese día el país cambió radicalmente de la mano de una unión cívica–patriótica y una definitiva necesidad de cambio: ese día, Venezuela soñó la libertad.

Hoy, 5 de enero de 2016, los 112 nuevos diputados deberán asumir y jurar por la patria en el nuevo Congreso elegido por medio del clamor popular y el voto democrático.

¿Podrán los nuevos diputados asumir en Venezuela?

¿Dejará Maduro que esta nueva estructura cambie radicalmente su forma de gobernar?

El nuevo parlamento podrá, una vez que dejen asumir a los diputados, derogar todas las leyes impuestas sin consenso, nombrar nuevas autoridades y aplicar la ley de Amnistía (proyecto de Jony Rahal para liberar a los presos políticos, que sin juicio alguno, se encuentran sometidos a humillaciones y carecen de libertad desde hace años). Son 74 los presos políticos que actualmente están cavando su tumba en vida.

El punto de quiebre se dará en las próximas horas. Se dice que, desde anoche, Caracas está siendo militarizada y que no dejarán asumir a la nueva Asamblea Nacional, a los nuevos 112 diputados que podrán ponerle fin a los atropellos del actual gobierno y cambiar por fin la historia; podrían dejar palpable en los libros de historia que Venezuela pudo finalmente contra un gobierno autoritario, mentor de una Latinoamérica sumida en regímenes autoritarios, sin deseos de libertad.

Maduro y Cabello viven sus peores horas y son capaces de todo para revertir un final que asoma en pocos meses.

En su último discurso, Maduro dijo: “Invitamos a los chavistas de corazón, los que nos mantenemos de rodillas en tierra, para que nos acompañen en esa vigilia, que comenzamos hoy 4 de enero, a través de la cual le demostraremos a las nuevas autoridades opositoras de la Asamblea Nacional, que aquí se mantiene un pueblo a defender el legado de Chávez, a defender las políticas sociales y a darle un espaldarazo al presidente Maduro.

Invita a confrontar y a caldear los ánimos de una sociedad dividida entre la paz y la guerra.

Nadie quiere sangre en las calles; no importa de qué vereda estemos, porque todos los que queremos ser libres, lo único que pregonamos es que seamos hermanos deseosos de un país libre.

Un país libre no milita con armas en las calles…

Un país de hermanos amando una misma Nación no quiere enterrar afectos suyos que luchan por una causa.

¿Entonces?

No permitan que los dividan, mírense a los ojos y entiendan que son parte de la misma sangre que formaron esa Nación que hoy pide a gritos que se unan.

Recemos que Venezuela toda entienda que la guerra es sinónimo de muertes, y que la voluntad popular es sagrada, porque pide a gritos “BASTA de atropellos”, pide a gritos que se la escuche y que el mundo la oiga.

El grito venezolano está siendo desoído por el mundo entero, no abandonemos a los que nos reclaman LIBERTAD.

El grito y pedido de libertad de un pueblo es el futuro de una Nación hermana que da su mano para salvarlo, porque no seremos libres si dejamos pasar ante nuestros ojos la prisión de un pueblo hermano.

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