Y si una vez lo hacemos bien?

Por Gonzalo Aziz:

Cuando era chico me acuerdo que íbamos de Adrogué a la Capital a visitar a mis abuelos. La avenida Pavón era empedrada y finita. Llegar a la ciudad era toda una historia. Uno buscaba alternativas  hasta que, inevitablemente, caía en la General Paz. Por aquel entonces -fines de los años 80- era angosta. Tenía apenas dos carriles por mano y mucho verde. Ah, y había casas! Sí, en la General Paz había casitas con el techo hasta el piso. El tránsito? Complicado. Hasta que decidieron ensancharla. Yo todavía era un pibe de la escuela primaria.
Un día empezaron las obras. Recuerdo mi imagen apoyado en la ventana semi-fija del Fiat Spazio azul de mis viejos, mirando las maquinas trabajando en la ampliación. Y pensaba: “Wow! Qué gran obra.”
Como pasa siempre, al principio todo mejoró. El tránsito fluyó mejor. Pero duró poco. Al tiempo quedó chica y andar por ahí volvió a ser una odisea solo apta para pacientes.
Hoy, la General Paz esta otra vez en obra. Para ensancharla. Porque la ampliación “faraónica” de mi infancia quedó chica. El parque automotor creció, el transporte público se deterioró, etc, etc. De nuevo, a romper y a abrir.
Seguramente a ningún editor de un medio gráfico le interesaría publicar esta reflexion. Pero a veces pienso que la Argentina es como la General Paz. Un proyecto pensado a corto plazo. Cada vez que queremos remodelarlo lo hacemos pensando en los próximos meses y no en los próximos 50 años. Así como nadie estudió la evolución del parque automotor ni la curva del deterioro del transporte público para armar una General Paz para los próximos 50 años, nadie (o casi nadie) piensa en el país del mediano y largo plazo. Nos la pasamos tapando baches.
Esta pseudo teoría se ratifica cada 4 años. Desde que tengo memoria veo al argentino medio repetir el “roban pero hacen”, el “este es inteligente y preparado pero es débil para enfrentar a las corporaciones”, el “este es honesto pero se lo van a llevar puesto”, el “este es un país peronista, hay que resignarse”, etc. Así votamos los argentinos, pensando solo en los próximos dos años. Así nos la pasamos cambiando a malos por malos, curamos enfermedades con otras enfermedades. Porque nadie quiere ceder un pedacito de su estadía en la tierra en pos de que nuestros hijos y nietos reciban un país más sano.
Como la General Paz, acá ampliamos apenas uno o dos carriles y esquivamos la gran obra. Entonces, cada 10 años lo que hicimos no sirvió para nada, porque estamos parados en el mismo lugar.
Estamos viviendo la peor campaña electoral que recuerde. La mas berreta. La mas vacía. O acaso alguno de Uds sabe qué plan tiene Scioli para resolver la inseguridad, o cómo va a hacer Macri para terminar con la inflación, o cuál es el plan de Massa para que los jubilados cobren el 82% movil. Alguno de Uds escuchó a quienes supuestamente más miden hablar de sus propuestas? Yo no. Y eso que soy un periodista empapado en el quehacer político. Yo solo los escuché contar cómo son con sus esposas, qué deporte practican, los vi bailar, hacer humor. Pero de proyectos de políticas públicas nada.
Y que hacemos nosotros con eso? Nada. Seguimos eligiendo igual, seguimos midiendo con la misma regla.
Esta semana pensando en las elecciones del domingo, me preguntaba si alguna vez los argentinos votaremos priorizando sobre todo la honestidad y la capacidad. Si alguna vez vamos a destacar en un dirigente su formación y trayectoria. Si alguna vez vamos a valorar la coherencia histórica, el renunciamiento a las alianzas oportunistas para no fallarle a los principios. O si vamos a seguir votando a conveniencia, a corto plazo.
Los argentinos somos hijos del rigor. Pero hay algo cierto: tenemos un altísimo nivel de resistencia al dolor.
En Lo personal, cada vez que se acerca el día del voto, recuerdo una gran enseñanza que me dejó mi querido abuelo y amigo Pipi: “después no nos quejéis”.
Si no, sigamos siendo la General Paz.

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